Se agotan las fuentes
Se ha muerto Jürgen Habermas, el último estertor de lo que significó la Escuela de Frankfurt en la evolución del pensamiento en lo que llamaríamos ... la nueva edad contemporánea. Y sí que parece que nos hayamos quedado huérfanos, porque todo el devenir del último siglo ha venido a desembocar en lo que, hace unos años, fue llamado pensamiento débil por su mentor Gianni Vattimo, el filósofo de la posmodernidad. Mezclando lo que escucho por la radio, veo en la televisión y recuerdo cuando paseo la mirada por los lomos de los libros de mi modesta biblioteca, siento la sensación de que el tiempo me traslada al siglo pasado, más concretamente al segundo cuarto, el mismo que ahora acometemos en esta centuria que se oscurece cada día más. Es ese el tiempo en que se fraguaron las distintas líneas de pensamiento y creación que clausuraron el romanticismo político y nos metieron en la oscuridad del odio de una guerra terrible, y luego en un mundo en el que el miedo a la destrucción nuclear se mezcló con leves rayos de esperanza, que a veces nos parecieron relámpagos, pero que, a los hechos me remito, nos tiene ya en el filo del abismo físico y moral, pues ya parece que todo ha caducado.
En esos años veinte y treinta del siglo anterior, en el que pasamos de bailar el charlestón a encender hornos crematorios de exterminio, las artes, las letras, la música y el pensamiento iban arrastrados de una mano por una gran potencia creativa y de otra por un instinto de destrucción que parecía el pórtico del infierno de la Divina Comedia («Perded toda esperanza»). Ese ahogo de........
