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El amor que mueve a un pueblo

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saturday

Seis y media de la mañana. Me despierta el sonido estridente del despertador del móvil. Lo apago y espero que vuelva a sonar dentro de cinco minutos, como siempre suele hacer, porque soy de las que programan la alarma cada cinco minutos durante veinte, por si me quedo dormida. A la tercera vez que suena, ya me levanto.

Lo hago con un talante tranquilo, sosegado, cansado de la semana, pero inquieto. Sé que hoy es un día diferente. Sé que hoy es un día especial. Sé que hoy Tenerife se va a llenar de emoción, de fe, de cristiandad y de valores. Y, por eso, la pereza se vence de otra manera.

Después de acicalarme, pasar por la ducha, tomar un vaso de leche rápido y enfundarme el traje, salgo de casa. Nada más coger el coche ya se nota un ambiente diferente. Bajo por la carretera general de la Cuesta, desde Finca España, que es donde vivo, y comienzo a ver en las paradas de guaguas, saliendo de los portales y caminando por las aceras, a grupos de dos, tres, cuatro o cinco personas. Algunas van solas. La mayoría lleva gorros o gorras, mochilas y algún refrigerio. Todos se disponen a bajar a Santa Cruz.

Van muy temprano, como yo. Son las ocho de la mañana y bajan a Santa Cruz porque quieren ver al Papa. Hoy todos vamos a ver al Papa.

Las guaguas pasan llenas. Hay bastante tráfico; no como un día cualquiera de trabajo, pero sí el suficiente para notar que algo importante........

© Canarias Ahora