El Decreto Canarias y el cuento de la vieja majadera
Mi abuela Marusa, cuando fui niño, me sentaba encima de sus acolchadas y tiernas posaderas para contarme los tradicionales cuentos infantiles con las que pasábamos interminables e inolvidables ratos y relatos en aquellas embrumadas tardes de la la Villa de Valverde en las que no se podía salir de casa.
Había uno de esos cuentos que me fascinaba de manera especial, sobre todo porque me hacía reír por su sencillo y repetitivo contenido. Era el cuento de la vieja majadera que siempre empezaba y seguía por: “¿Quieres que te cuente el cuento de la vieja majadera?”, y así sucesivamente hasta que le decía: ¡para ya!
Abuela Marusa fue una mujer muy adelantada a los tiempos que le tocó vivir. Crió a sus cuatro hijos, incluida mi madre, con los pocos recursos que le aportaba una humilde recova en la que vendía ultramarinos. Estaba situada en los bajos de la casa que hoy es de los herederos de Fernando Zamora el Rubio y Lola Galán, en la calle de la Balaustrada. La recuerdo como una mujer trabajadora, luchadora, constante y generosa, pero sobre todo con el coraje de no decaer, y con la intuición y experiencia de distinguir el bien del mal, o la verdad del engaño.
Posiblemente aquel cuento matraquilla de la vieja majadera era una manera de exteriorizar su modo de vida o sus sentimientos, o mejor, hacernos finalmente enfadar con aquel relato repetitivo para que nos diéramos cuenta de que en la vida no todo eran risas y fiestas.
Todo esta introducción viene a cuento del famoso Decreto Canarias, que más que una realidad a lograr es como aquel cuento de la vieja majadera que llevo oyendo desde hace casi casi cuatro décadas en las que mi trabajo ha estado........
