Nadie llama a Clavijo
Clavijo el pobre, el pobre Clavijo, no tiene quién lo llame. Y lo pasa mal, tanto, que a veces piensa si será una persona irrelevante, si pasa inadvertido. Nadie importante en España tiene su teléfono. Así se esté hundiendo el mundo por el Magreb Occidental insular, nadie en la capital del reino de los españoles repara en llamarlo por si necesita un flotador. Pero él sabe que la culpa no es suya, aunque rompa puentes, sino de los otros. Por eso se sienta a esperar un ring, ¡un wasap, aunque sea! Pero no. Ni siquiera un SMS. Y está tan acostumbrado que le está cogiendo el gusto a sentirse despreciado, ninguneado.
Le está cogiendo el tranquillo a la soledad opcional, consciente, decidida, al dolor de sentirse diferente, y ha decidido darle la vuelta a la tortilla y convertir su ultraperiférica marginalidad en una estrategia electoral. Hasta ha visto en ello una........
