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Belén María, anatomía de un asesinato

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Por si alguien cree que el escoramiento de muchos jueces hacia la extrema derecha y los poderosos es algo nuevo, les voy a contar una historia del verano del 80. En aquellos tiempos, la sociedad entera luchaba mucho, muchísimo, el activo y unido movimiento obrero canario no dejaba pasar una. La transición no había concluido. Las grandes navieras, Pinillos, Boluda, Contenemar, etcétera, decidieron que el muelle era de ellos y querían privatizarlo. Se aliaron con el Gobierno Civil y la Policía para amedrentar a la clase obrera y destruir la Organización de Trabajos Portuarios (OTP), una organización autónoma de trabajadores que gestionaba los muelles, y despedir a toda la plantilla para contratarlos de uno en uno. En sus locales nos criamos muchos hijos e hijas de estibadores.

Allí, en el sindicato del muelle de La Luz y de Las Palmas, esperábamos a que nuestros padres soltaran de trabajar y nos recogieran, allí teníamos nuestro médico de la casa del marino, había unos patos y un bar que hacía unos bocadillos de pescado alucinógenos increíbles con un refresco Baya Baya. Nuestros padres se echaban los rones y las tapitas. Allí pasaban lista todas las madrugadas los estibadores, hombres duros como riscos, los hombres valientes del muelle grande que dice la canción. La huelga se alargaba demasiado y nuestras madres se encerraron en la iglesia del Carmen en La Isleta para defender el puesto de trabajo. El gobernador civil amenazó a los obreros si pisaban la calle; así que los hijos e hijas decidimos caminar en pequeña manifestación pacífica por la rotonda de entrada al muelle. Un muelle fuertemente custodiado y armado por la Guardia Civil y antidisturbios. Esa rotonda, hoy, lleva el nombre de Belén María. Nuestros padres estaban en la rotonda, salvo dos vehículos de ellos que nos custodiaban en la parte trasera de la........

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