Inspiradoras, sacrificadas y gratis: la trampa de las flores
Está de moda celebrar el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Lo que no parece estar tan de moda es ayudarnos a seguir viviendo y prosperando en nuestros pueblos. O a ser lo que nos dé la gana, donde nos dé la gana.
Todos los años, más o menos, la misma historia. Nos invitan a encuentros, jornadas y celebraciones para contar nuestras experiencias, nuestras dificultades y lo mucho que hemos luchado para sacar adelante nuestros proyectos. Con suerte, nos pagan el pasaje y la estancia. Pero los días de trabajo que perdemos, esos corren de nuestra cuenta.
Nos piden que compartamos nuestros conocimientos y, si puede ser, alguna historia de sacrificio que emocione al público. Cuanto más nos haya costado llegar hasta aquí, más inspiradoras resultamos. Después vienen las fotografías, los agradecimientos, las flores o el detalle de artesanía. Nos juntan con otras mujeres para que tejamos redes, que eso nunca puede faltar. Y para tu casa.
Hasta el próximo año.
Mientras tanto, la organización consigue su acto, sus fotografías y contenido para sus redes sociales. Puede mostrar públicamente su compromiso con las mujeres rurales. Nosotras regresamos con trabajo pendiente y, en ocasiones, habiendo perdido dinero.
Se paga a quien diseña el cartel, a quien instala el sonido, a quien alquila la sala y a quienes prestan otros servicios. Pero a la mujer que aporta su experiencia, sus conocimientos y la historia que justifica el encuentro se le agradece su generosidad. Curiosa manera de fomentar nuestra autonomía económica. Pagar un billete de avión no es remunerar una intervención. Nuestro tiempo y nuestros conocimientos también tienen un valor y deberían pagarse.
No digo que todos los encuentros sean iguales. He conocido a mujeres extraordinarias y establecido relaciones que agradezco. Pero hay una pregunta que cada vez me hago con más frecuencia: ¿se........
