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Carta abierta al gerente del Hospital Universitario de La Palma: responder no es reparar

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17.07.2026

Escribo desde una experiencia personal, pero sé que esta carta no habla solo de mí.

Muchas personas han salido alguna vez de una consulta, de un servicio de Urgencias o de un ingreso hospitalario con la sensación de no haber sido escuchadas. Personas cuyo dolor fue minimizado, que no comprendieron las decisiones adoptadas o que recibieron un trato que no esperaban encontrar precisamente en el lugar al que acudieron buscando ayuda.

Algunas presentan una reclamación. Otras no llegan a hacerlo.

No reclaman porque están enfermas, agotadas o emocionalmente afectadas. Porque no saben cómo redactar lo sucedido, porque tienen dificultades para realizar trámites digitales, porque temen volver al mismo centro sanitario o porque creen que no servirá para nada. También porque reclamar exige tiempo y energía, dos cosas que no siempre tiene quien está intentando recuperarse.

Quienes finalmente damos ese paso no esperamos necesariamente que nos concedan la razón en todo. Tampoco que se castigue de manera automática a un profesional. Esperamos algo más elemental: que alguien lea con atención lo ocurrido, responda a nuestras preguntas, reconozca el daño cuando exista y se pregunte qué puede mejorarse para que otra persona no pase por lo mismo.

Sin embargo, muchas reclamaciones terminan produciendo un efecto contrario. En lugar de ayudarnos a cerrar la herida, la abren un poco más.

Porque poner una reclamación puede dejarte peor que no haberla presentado.

Al daño inicial se añade una respuesta institucional centrada en dejar constancia de que se siguieron los procedimientos, se solicitaron informes y se contrastaron versiones. La institución puede acreditar que ha cumplido el procedimiento, pero la persona que reclamó continúa sin respuestas, sin reconocimiento y sin reparación.

Eso fue lo que me ocurrió.

Lo que pedí y lo que recibí

Mi reclamación no contenía una acusación genérica. Relataba hechos concretos, aportaba documentación clínica y formulaba siete peticiones perfectamente identificables.

Lo que pedí fue muy concreto: una investigación sobre la atención que recibí en Urgencias y en las consultas posteriores, y que se analizara si en alguna de aquellas decisiones pudieron influir estereotipos de género.

Solicité que se valorara si existían responsabilidades, que se revisaran los protocolos y que se formara mejor al personal en el trato humano. También exigí que se borraran de mi historial clínico los comentarios que me estigmatizaban, que se acreditaran documentalmente las actuaciones de escucha, contención verbal o desescalada que se hubieran realizado aquella tarde y, sencillamente, que se me ofreciera una disculpa.

La respuesta firmada por la Gerencia afirmó que se habían investigado detalladamente los hechos, que se habían solicitado informes a los servicios implicados, que se habían........

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