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Las palabras son de todos: el falso problema de los préstamos lingüísticos

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27.04.2026

Arraigada se encuentra en las sociedades humanas la creencia de que las palabras extranjeras empobrecen y corrompen al mismo tiempo las lenguas que las adoptan. “Una lengua esmerada debe estar libre de vulgarismos, extranjerismos y palabras malsonantes”, vienen repitiendo los puristas españoles desde tiempos inmemoriales. “Si continuamos como hasta ahora y se van extendiendo estas y otras varias especies de galicismos (…), el feliz resultado de tantas y tan graves innovaciones habrá de ser la formación de un idioma nuevo, dialecto francés con pronunciación castellana”, llevó a profetizar el escritor español Juan Eugenio Hartzenbusch hacia mitad del siglo XIX, alarmado por la entrada de palabras francesas en la lengua española. Conocidos de todos son los anatemas y las soflamas que contra los omnipresentes anglicismos se lanzan un día sí y otro también desde las instituciones académicas, los libros de estilo y hasta las páginas de los periódicos en todos o casi todos los países del planeta Tierra. “Guerra despiadada al anglicismo vicioso” es el lema del Diccionario de anglicismos de Ricardo J. Alfaro. “Sustituir con la palabra comité la de comisión o de junta, decir debut en lugar de estreno, revancha por desquite, noveautés por géneros nuevos, corbeille por canastillo, cabá por esportilla, cadeau por regalo o fineza, tableau por cuadro, trousseau por galas de novia, bijouterie por joyería, toilette y soireé por tocado y sarao, no es enriquecer nuestro idioma, sino introducir en él voces que ni le hacen falta ni suenan bien”, había sentenciado categóricamente antes el citado Hartzenbusch.

Se trata de pareceres que carecen del más mínimo fundamento científico. En realidad, es todo lo contrario de lo que en ellos se plantea. Visto el asunto libre de chovinismos trasnochados, los préstamos extranjeros ni empobrecen ni desvirtúan las lenguas que los adoptan, sino que las enriquecen y fortifican en su identidad fónica, gramatical y léxica.

Por un parte, no las empobrecen, sino que las enriquecen, por tres razones fundamentales:

En primer lugar, porque introducen en la cultura que los acoge realidades nuevas; realidades pertenecientes al mundo de la industria, la prensa, el comercio, la mar, el vestido, la ciencia, el cine, los deportes, los viajes o las relaciones internacionales, por ejemplo, creadas por otros pueblos y que, por ser invenciones del ingenio de la especie, a todos pertenecen por igual. El mundo lo construimos entre todos de forma más o menos solidaria y, por tanto, justo es que consideremos del común toda creación humana. Como dice el citado Alfaro respecto de los anglicismos, “muchos de los neologismos corrientes han surgido de la necesidad de dar nombre a cosas desconocidas o inexistentes, de traducir términos nuevos venidos del inglés e impuestos por los descubrimientos, los inventos, la técnica, la industria, las costumbres, las transformaciones en los movimientos ideológicos o estéticos, en una palabra, las novedades de todo linaje que han tenido nacimiento en los grandes centros anglosajones de la civilización”. Es lo que ocurre con el anglicismo pendrive, el italianismo salami y el rusismo estepa, que trajeron consigo tres realidades desconocidas a la cultura hispánica: un práctico dispositivo electrónico para el almacenamiento de datos, un suculento tipo de salchichón y una especie de erial llano y muy extenso. ¿Qué sería de la cultura española sin las miles de aportaciones agrícolas, administrativas, culturales, etcétera, que hicieron los árabes, los franceses o los ingleses, por ejemplo? ¿Qué sería del vasco sin la gran aportación léxica de la lengua española, que ha impregnado de forma decisiva todos sus campos semánticos? “Toda, absolutamente toda la civilización que poseemos los vascos” -declara Miguel de Unamuno-, “se la debemos al cristianismo y a los pueblos extraños: ellos nos han civilizado”. Si los préstamos lingüísticos fueran una degeneración idiomática, y no un fenómeno natural, ¿cómo podría explicarse que existan por miles en tantas lenguas del mundo?

Cuanto más conservadora y retrógrada es una sociedad, más se opone a la entrada de voces foráneas. Por eso suelen ser tan perseguidas por las dictaduras y los nacionalismos excluyentes, sean del........

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