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El peligro de un Marruecos envalentonado

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17.08.2026

A finales de julio, Ceuta vivió su episodio migratorio más grave desde 2021. En apenas cuarenta y ocho horas, entre el 30 y el 31 de julio, más de 70.000 personas cruzaron a nado o bordeando el espigón del Tarajal hasta llegar a una ciudad de poco más de 80.000 habitantes, que se vio desbordada. El balance ha sido trágico: al menos 141 personas fallecidas, la cifra más alta desde la tragedia del Tarajal en 2014. El Gobierno desplegó al Ejército para reforzar a la Guardia Civil mientras miles de personas eran devueltas a Marruecos. El presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, pidió a Moncloa declarar la emergencia nacional; el Ministerio del Interior lo rechazó a pesar de que Pedro Sánchez declaró que estábamos ante un “ataque a la integridad territorial de España”.

Mientras, se ha generado una crisis interna y externa en España: el PP y el PSOE avivan su enfrentamiento, las comunidades se niegan a acoger a los menores, el Gobierno exonera de toda responsabilidad a Marruecos (frente a la opinión general), Italia impone controles fronterizos con España, Europa se asusta y recrimina al Gobierno español, siguiendo los pasos de Meloni.

Lo más inquietante no es la magnitud de la avalancha, sino su patrón. Fuentes de la Guardia Civil describieron la colaboración marroquí como «superficial»; sindicatos policiales denunciaron que Rabat «no está haciendo absolutamente nada» para impedir las entradas. No es la primera vez: en 2021, tras la hospitalización de Brahim Ghali, quedó documentado que Marruecos quiso «poner en evidencia qué pasaría si España no contara con su cooperación migratoria», según el CIDOB. Mas de 10.000 inmigrantes entraron en la ciudad ante la pasividad de la gendarmería marroquí.

Coincidiendo con el acercamiento español a Argelia y con una sentencia del Supremo que limita las devoluciones en caliente a las personas migrantes que llegan por mar, la válvula se volvió a abrir: la migración convertida en instrumento de política exterior. Nadie se puede creer que Marruecos no estuviese al tanto de lo que se estaba tramando ni de que no tuviera capacidad para controlar la situación. Una vez más la utilización de las personas por parte de ese país como armas arrojadizas. Una vez más el reino alauita recurriendo a la memoria de la Marcha Verde sobre el Sáhara, a la amenaza de que es muy fácil volver a hacerlo.

Cuando escribo estas líneas, después de una convocatoria masiva en redes llamando a llegar a Ceuta el sábado 15, la actitud marroquí es otra: exhibe con firmeza el control tanto de su frontera marítima como terrestre. Demuestra así que tiene la llave para provocar acciones de este tipo. Abre o cierra cuando quiere y le conviene, y no le importa las muertes que se produzcan. Demuestra su poder político y policial. Mientras, a la hora de mandar este texto al periódico, el domingo al mediodía, Ceuta sigue envuelta en una calma tensa, con sus servicios desbordados. No ha sido fruto de la casualidad la........

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