La nación errante: Lectura perturbadora por el centenario de Fidel Castro
La nación errante: Lectura perturbadora por el centenario de Fidel Castro
Por Arnaldo Miguel Fernández
Casi nadie se avergüenza de que un guajiro de Birán, estudiante revoltoso y abogado sin clientes en La Habana, anclara en la historia de Cuba como el único exiliado que recurvó en son de guerra, logró montarse en el carro de la victoria y barrió a sus adversarios en la puja por el poder, a pesar de tirar al país por el inodoro del socialismo, hasta llegar al extremo de ejercer la dictadura sin atributo formal de mando y morir de viejo en su casa.
Por el contrario, la decadencia y caída de casi toda la nación cubana se refleja en la disentería mediática explosiva de enfoques rayanos en la sonsera, que llegan por estos días al extremo de plantear, cual si fuera problema de investigación histórica, la absurda pregunta de quién fue en verdad Fidel Castro (1926-2016) para regodearse en las disyuntivas manoseadas de siempre: si propició o sofocó libertades, si fue un estratega brillante o un caudillo que embarcó a todo un pueblo, y así por el estilo.
Al filo de su centenario vamos a tragarnos este purgante preparado por el propio Castro: “En Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante”. Una historia mínima podría ayudarnos a vomitar por qué es posible que así sea.
Tres guerras de independencia al tiro
La primera guerra por la independencia (1868-1878) terminó con la racionalidad práctica del Pacto de Zanjón, que encaró el alarde irracional de la Protesta de Baraguá. Aquí el capitán Florencio Duarte profirió: “¡Muchachos, el 23 [de marzo de 1878] se rompe el corojo!”, pero el 9 de mayo el brigadier Antonio Maceo se largaba rumbo a Jamaica en el buque de guerra español Fernando el Católico. La metrópoli propiciaría hasta la reunificación familiar en Jamaica, dejando que poco después se fueran la madre y la esposa de Maceo en barco dizque francés.
La segunda guerra (1879-1880) fue tan chiquita que su mejor lección sería el juicio de José Martí en carta (Nueva York, 13 de octubre de 1880) al coronel mambí Emilio Núñez, quien se negaba a deponer las armas: “Abandonados por un pueblo, un puñado de héroes puede llegar a parecer —a los ojos de los indiferentes y de los infames— un puñado de bandidos”. Sirva este sayón histórico a tantos lidericos opositores sin masa.
La tercera guerra (1895-1898) se gestó desde el exilio por el genio político de Martí, pero a poco de regresar a Cuba en bote se dejó ascender por Máximo Gómez a mayor general, sin haber mandado jamás a ningún soldado, y terminó cayendo en un potrero de Oriente así mismito: con aquel grado militar y sin un solo soldado bajo su mando. Esta guerra causó al ejército español 3,101 muertos en combate y 41,288 por fiebre amarilla u otras enfermedades, pero el desenlace sobrevino con la intervención americana, que disolvió la República........
