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Historiografía desgarbada: Edulcorando a Gerardo Machado o el culto del disparate

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23.09.2026

Historiografía desgarbada: Edulcorando a Gerardo Machado o el culto del disparate

Por Arnaldo Miguel Fernández

Entre los desvaríos proliferantes en la era de las redes sociales, el culto al desconocimiento y el disparate está definitivamente llevando la delantera. Y de pronto, en la afluencia de distorsiones de la cultura y la historia que gobiernan las plataformas de flamantes influencers y opinadores tenemos también a la carta la recomposición del legado de algunas figuras cubanas, incluidos generales y doctores muy notables del período republicano.

Ya hemos visto en año recientes los retoques benefactores de Fulgencio Batista (1901-1973) y parece que ha tocado el turno ahora a Gerardo Machado (1871-1939).

Para revisar la historia de Cuba no es preciso referirse desvergonzadamente a “la supuesta dictadura de Machado” ni encumbrar a esta figura siniestra con que llegó al poder por vías democráticas, cumplía sus promesas y no impuso la Reforma Constitucional de 1928, sino que correspondió al Congreso aprobarla.

Al criticar las versiones historiográficas de la Revolución del 30 pergeñadas sobre “basamento marxista-leninista”, el historiador cubano Rolando Gallardo, residente en España, se acaba de apear con que Gerardo Machado, brigadier presidente de Cuba (1925-1933), fue a mal muy rápido por la crisis económica mundial de 1929 y la subversión comunista sistemática, sin advertir que tal planteo y sus justificaciones distan de la verdad histórica.

Tan solo par de libros bastan para desmontar, por simple lectura, el tinglado que Gallardo viene armando con ánimo de dulcificar a quien considera “un presidente que pudo tener posiciones autoritarias, sí, pero que era racional”:

A solo dos semanas de caer la dictadura machadista, el periodista Carlos González Peraza publicó Machado. Crímenes y horrores de un régimen (Cultural, S. A., 1933), con prólogo de Sergio Carbó, director del periódico Prensa Libre, para dar el primer registro historiográfico del terrorismo de Estado bajo Machado, así como del término “desaparecidos”.

Al dar a imprenta el segundo tomo de su Historiología cubana (Ediciones Universal, 1974), el erudito José Duarte Oropesa, sin abjurar de su anticastrismo, puso a Machado en su lugar histórico de sanguinario tirano.

Como estos son libros raros, conviene aquí dar breve cuenta de los forros históricos claves que Gallardo metió en su pieza mediática ¿Por qué Cuba no explota aunque todo empeora? sobre la base de otra mayor: Revolución del Treinta y semejanzas con la Cuba actual.

Quizás el forro más desfachatado sea: “Increíble como la prensa en esa época sí podía hacer caricaturas de Machado, hablar mal de Machado y no pasaba nada”. La verdad histórica estriba en que Machado repartía amenazas de muerte entre los periodistas incómodos e incluso mandaba a matarlos.

Tras ascender al poder, el 20 de mayo de 1925, en sólo tres meses sobrevino esta secuencia ejemplar:

El 22 de........

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