El prestigio del canalla
El prestigio del canalla
Tania Rendón Portelles
Tania Rendón Portelles
Qué revela de una sociedad el hecho de que crecer parezca, cada vez más, a aprender a “defenderse” por encima de los otros?
Hay consejos que uno escucha antes casi de aprender las reglas de la jungla cotidiana. “No seas bobo”. “No te dejes coger de comem…”. Frases de cola, de familia, de oficina, de esquina. Expresiones que pasan de una generación a otra como si fueran parte del manual imprescindible para andar por la vida. Y algo tienen de verdad.
Nadie quiere terminar estafado, mangoneado o pasado por encima. El problema comienza cuando la defensa propia se convierte en licencia para atropellar antes de que alguien intente hacerlo contigo.
Así se forma, sin decreto ni ceremonia, una especie de prestigio del canalla. Ese que “se las sabe todas”. El capaz de conseguir lo necesario a costa de pisar a otro. Entonces, la viveza adquiere rango de cualidad; la consideración, apariencia de lujo reservado para ingenuos.
No siempre hablamos de grandes canalladas. Las pequeñas pasan casi inadvertidas. Una mentira conveniente. Un turno que se salta. Una mercancía apartada para revenderla después. Un favor cobrado con intereses… “Gestos” mínimos, aparentemente.
De esos detalles se compone la vida social. Cada uno parece poca cosa hasta descubrir el rastro que deja su repetición.
Con el tiempo, semejantes conductas se incorporan al paisaje: primero sorprenden, luego incomodan menos y, finalmente, terminan........
