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¿Qué socialismo queremos para Cuba?

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13.10.2026

¿Qué socialismo queremos para Cuba?

Ramón Labañino Salazar

Ramón Labañino Salazar

Proyectar el Socialismo posible y anhelado es tarea de todos. Acá BOHEMIA comparte algunas consideraciones desde la Academia comprometida.

En medio de esta batalla de ideas en la que andamos metidos todos, un colega y amigo me puso el tema sobre la mesa desde la honestidad más pura del revolucionario. Y tiene razón. Hablar de qué socialismo queremos y podemos construir en Cuba no es un ejercicio académico, es la única forma de entender de verdad los cambios que estamos viviendo. Lograr un consenso sobre ese modelo es lo que nos va a enfocar a todos en el camino que debemos seguir.

Según el marxismo-leninismo, no se puede transformar la sociedad sin conocer las condiciones objetivas y subjetivas sobre las que se interviene. Bajo ese principio, y aplicado a la Cuba de hoy, podemos encontrar respuestas. Es vital lograr un consenso claro sobre el modelo de país que queremos, de modo que las propuestas económicas se ajusten a eso.

Marx insistía en que el socialismo no es un ideal abstracto, sino un movimiento real que surge de las contradicciones del capitalismo y de las condiciones históricas concretas. En Cuba, eso significa que no basta con repetir definiciones clásicas, es traducirlas a nuestra realidad: bloqueo, envejecimiento poblacional, migración, escasez de divisas, empresas estatales con necesidad de autonomía real, sector privado en expansión, cooperativas, inversión extranjera.

Ahora bien, el consenso no puede ser una camisa de fuerza ideológica. El marxismo-leninismo no es un catecismo, es una guía para la acción. Lenin, en «El Estado y la revolución» y en «La enfermedad infantil del izquierdismo», insistía en la necesidad de analizar la correlación de fuerzas y no limitarse a fórmulas. Por eso, el consenso debe ser vivo, revisable y anclado en la práctica.

El Partido Comunista debe ser la vanguardia de la clase obrera y debe estar «fundido» con el sindicato. Esto es plenamente marxista-leninista. Sin embargo, en la práctica cubana hay un enorme desafío: recuperar y fortalecer el papel de los sindicatos en su capacidad de representar de manera real los intereses de los trabajadores. La fusión no puede ser burocrática, sino orgánica: el Partido debe escuchar, no solo dirigir. Si el sindicato no es un espacio real de participación y conflicto legítimo, la vanguardia se convierte en aparato y la clase trabajadora en sujeto pasivo. Eso contradice la esencia del socialismo.

En términos marxistas, la dictadura del proletariado es la forma de Estado que garantiza la transición al socialismo y la eliminación de la explotación. En Cuba, después de más de sesenta años, el debate no es si existe o no, más bien cómo se ejerce. ¿Es una dictadura de la clase trabajadora o una dirección política que habla en su nombre? El marxismo exige claridad: el Estado no es neutral. Si el Partido dirige y el Estado ejecuta, hay que evitar que ambos se confundan y que la ciudadanía quede fuera de las decisiones.

Sobre Economía: plan, mercado, marketing y socialismo

Proponer que empresas estatales, cooperativas, privadas y extranjeras convivan «en igualdad de condiciones», con planificación y mercado, y con marketing, se acerca a lo que Lenin planteó en la NEP (Nueva Política Económica) y a lo que Gramsci llamaría «hegemonía» en el terreno económico. Sin embargo, hay un riesgo: la........

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