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El terrorismo ignorado

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07.10.2026

El terrorismo ignorado

Autor(es): Pedro Antonio García

Hace 50 años, la Gran Prensa trató de enmascarar el sabotaje como un desastre aéreo; hoy sume en el olvido a los autores materiales pues ellos inculparon a Bosch y Posada Carriles en los preparativos para la voladura de la aeronave

Fotos. / Archivo de BOHEMIA

Aunque la noticia merecía ocupar un espacio en la primera plana de cualquier rotativo, en 1993 pasó inadvertida para las principales publicaciones del continente: los autores materiales confesos del sabotaje al avión cubano en Barbados, el cual costó la vida a 73 civiles, recibieron indulto y quedaron libres.

Siete años antes, un tribunal venezolano también había dejado en libertad al estomatólogo villareño Orlando Bosch al dictar su absolución, ya que las pruebas recolectadas por las autoridades barbadenses durante el transcurso de la investigación no fueron utilizadas por los jueces al ser presentadas “demasiado tarde” (según ellos) y “no haber sido traducidas del inglés al español.

A su regreso a Estados Unidos, exonerado por el presidente George Bush (padre) de todas las causas judiciales pendientes contra él, siguió defendiendo como justa la voladura de la aeronave, afirmando: “Todos los aviones de Castro son aviones de guerra […], no había inocentes en ese avión […]. Todo el que glorifique a Castro merece la muerte. No sé por qué sienten pena por esos negritos”. 

Sí acaparó cintillos otra exclusiva aparecida en El Nuevo Herald el 18 de abril de 2011: “Posada Carriles abandona la lucha armada”. El matutino miamense atribuía a su entrevistado el apoyo a “una transición pacífica en la isla”. Poco duró la noticia en el éter. “Estoy disgustado con las mentiras que han salido hoy […] Mi posición sigue igual, no hay negociación posible con esos bandidos [se refería a los cubanos residentes en Cuba], no tengo nada que ver con el diálogo; esta es una lucha constante contra esa plaga”, vociferó el terrorista de los mil crímenes.

Barbados-1976 con sus 73 víctimas no fue un hecho aislado. A pesar del bloqueo y la política de hostigamiento, la Revolución cubana se consolidaba por día. Su ayuda internacionalista a Angola coadyuvó al rotundo fracaso del racismo y la CIA en África. En Nicaragua se preveía el ocaso del somocismo y la probabilidad de un triunfo sandinista.

Los cerebros de Langley, obsesionados por derrocar el Gobierno cubano, apostaron al montaje de una gran operación terrorista contra Cuba. Para acallar a ciertas voces del Congreso estadounidense, usaron grupos y organizaciones de contrarrevolucionarios de origen cubano como ejecutores directos, sin involucrar a la agencia. El financiamiento de los terroristas seria encubierto, aparecería como proveniente del Chile de Pinochet o de la Nicaragua de Somoza.

La cercanía de las nuevas elecciones en EE.UU. hizo que se acelerara la operación. En abril de 1976, se produjeron ataques y atentados a pesqueros y diplomáticos cubanos: en aguas internacionales fue abatido el trabajador Bienvenido Muñiz; en Lisboa, ultimaron a Adriana Corcho y Efrén Monteagudo.

Se sucedieron las acciones terroristas: explosivos contra la misión en la ONU; una bomba estallaba en el equipaje de un avión de Cubana, aún en tierra porque había retraso en el aeropuerto de Kingston (Jamaica). Pocos quieren recordar 50 años después que Bosch y la organización que lideraba, el CORU, reclamaron la paternidad de esa acción en la prensa estadounidense.

Otra bomba destruyó las oficinas de Air Panamá (su pecado: viajes a Cuba) y en México asesinaron a un técnico pesquero, Artagnan Díaz, en un fracasado intento de secuestrar al cónsul........

© Bohemia