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Oasis prodigioso

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Autor(es): Pastor Batista

 Cada sábado van cayendo, como rocío, decenas de personas para recolonizar la tarde a su antojo, entre melodías que siguen pidiendo décadas, por su sana letra, nostálgica melodía y nobleza del tiempo en que surgieron

Existen y funcionan en muchas partes del archipiélago. Recuerdo, por ejemplo, el Club de la Década “Casi como ayer”, del municipio de Amancio Rodríguez, extremo sur de la provincia de Las Tunas, célebre por los encuentros que ha realizado, con un verdadero enjambre de fans a esa música, venidos de todo el oriente cubano: Camagüey, Morón… y hasta un poco más acá.

Hablo de un lugar donde la existencia de hoteles es nula, pero los miembros de dicho club han resuelto muy fácilmente el asunto del alojamiento: “Manda a un matrimonio para mi casa”, “yo puedo asumir a tres personas”, “con un colchoncito en el piso puedo alojar a cinco”.

En una oportunidad se logró disponer de las capacidades del Instituto Politécnico de la localidad. ¡Qué bien, caramba! La cifra de asistentes superaba los 300.

El impacto no era solo territorial, nacional. Grabaciones, mensajes y videos enviados por Paco Pastor (cantante de Fórmula 5ta), Cristina (de los Hoyos) y Jeanette, por apenas poner tres ejemplos, no solo mostraban el asombro de afamados artistas españoles, exponentes de aquella música, sino incluso su deseo de venir a Cuba y participar en uno de esos encuentros.

Oasis en el centro de la Isla

Se llama Oasis y es una de las pintorescas instalaciones con que cuenta el Parque de la Ciudad, en Ciego de Ávila.

Quizás muchos ignoren que, además de sus habituales servicios dentro de la actividad gastronómica, en esa unidad también halla refugio, desde el 15 de septiembre de 2024, el embrujo de la llamada Década Prodigiosa.

“Aquí no hay espacio para la música de mal gusto, mucho menos para esas letras groseras que a veces nos llegan al oído desde bicitaxis y motorinas –afirma Bárbara Lisbeth Rodríguez, directora de la Unidad Empresarial de Base enclavada allí.

“Cada sábado, entre las dos de tarde y las siete de la noche, aproximadamente, vienen personas de todas las edades, que gustan de las canciones de los años 60, 70, 80 y un poco más acá. Todo transcurre en un ambiente muy agradable, de baile, alegría; algunos se inspiran y cantan, alternando con Félix Portal: animador y cantante principal de las actividades”.

La Unidad, por su parte, asegura el expendio de entremés, frituras, calienticos, cerveza dispensada y en laticas, ron, vino, licores… todo en dependencia de las posibilidades del momento.

“Nuestras actividades no solo transcurren en un ambiente muy familiar, de placer –expresa Nilda Galiana González, presidenta del club “Los años no cuentan”– sino también con mucho sentido humano, porque constituimos una familia, si alguien se enferma lo visitamos, ayudamos en la medida de lo posible”.

Milagros García, integrante del club, siente que esa música y cada encuentro la hacen “sentir muy bien, con enormes deseos de vivir y de seguir entregada a la Facultad de Ciencias Médicas”, donde brinda sus conocimientos como psicóloga.

Desde Júcaro, comunidad básicamente pesquera, ubicada en el litoral sur avileño, suele venir Mario Márquez Miralles, presidente del Club “Vivir en bahía”, segundo que surgió en la provincia después del denominado Órbita, en Guayacanes.

“Allá hacemos dos actividades al mes, pero me gusta venir a este Oasis. No hay música como la de esos años, para mí es la mejor que ha existido en el mundo. No por casualidad su nombre lo dice: prodigiosa” –afirma, emocionado.

Muy cerca de él, Marbelis, su esposo Pipo y el anciano Rigoberto Triana, de 90 años de edad, escuchan, y asienten con la cabeza al compás de un Obladí, Obladá que ha levantado de sus asientos a casi todos los presentes para bailar.

Entre las pocas personas que permanecen sentadas está una mujer delgada, con vestimenta humilde. Se llama Ileana. Hace un rato bailaba como un trompo al ritmo de Bonny M. Ahora solo observa, en silencio, mientras reduce a cenizas, sorbo a sorbo, un cigarrillo.

Pues sí que hay prodigio y espacio para todo el mundo, me digo; tanto para ella, que trabaja honrada y consagradamente como custodio en el cementerio de la ciudad, como para Milagros, quien contribuye a la formación de los mismos médicos que tal vez un día le chequeen la presión a Ileana, en el consultorio médico del lugar donde reside.

En un chance, acudo al celular con la finalidad de ver si tengo algún mensaje de última hora, orientación, solicitud de trabajo…y nada. Solo más de lo mismo: amenazas de Trump contra Irán, afirmaciones de que Cuba será “la próxima”.

Supongo que idénticas “noticias” llegan, sin permiso, a los móviles de casi todos los que ahora bailan y disfrutan este pedacito de tarde. Solo que –como los cubanos– el prodigio de la Década también está por encima, muy por encima, de esos truenos emitidos por los artífices de la guerra, sin duda los mismos que quizás nunca escucharon la melodía con que ahora bailan, apretaditos, Mario y su esposa: “Ayer tuve un sueño, fue sensacional, los pueblos vivían en paz…”.

Camagüey, Cuba, sociedad

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