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El Héroe en el estribo

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03.06.2026

El Héroe en el estribo

Luis Hernández Serrano

Luis Hernández Serrano

Autor(es): Luis Hernández Serrano

Cómo vemos al General de Ejército Raúl Castro Ruz en el día de suerte y homenaje de un nuevo cumpleaños

Hoy el General de Ejército Raúl Castro Ruz llega, para fortuna de nuestro pueblo y de la Revolución, a los 95 años. Nació el 3 de junio de 1931 en Birán, en la actual provincia de Holguín.

Sencillamente Raúl lo llaman los cubanos y los extranjeros que lo han admirado siempre por su lealtad y su firmeza. Él está en el estribo y por venir de quien viene, permítasenos unas palabras dedicadas a Don Ángel María y a Doña Lina, sus padres inolvidables.

Ángel nació en San Pedro de Láncara, Galicia, España, el cuarto día del último mes de 1875; y ella el 23 de septiembre de 1903, en Las Catalinas, Pinar del Río, anteriormente Nueva Filipinas, junto al cauce del rio Cuyaguateje, a unas leguas del camino de Paso Real de Guane, por donde Cuba mira al Golfo de México.

Raúl es el fruto de una pareja humana realmente valiosa e interesante. Él representaba a la autoridad severa, al hombre maduro, con ímpetus juveniles, rectitud de eucalipto, callada bondad, como generoso hacendado.

Ella cuando lo veía se aturdía sin saber qué hacer, y hasta embarazada de sus siete hijos se notaba esbelta y bella al punto de parecer, como lo ha descrito la escritora Katiuska Blanco Castiñeira, alimentarse con pétalos de flores, porque era vendaval, el genio, la energía. Montaba a caballo con destreza. Manejaba un coche de cranque y pedaleaba en la finca con bocinazos espantadores de pájaros y mariposas. Su padre decía que ella era fuerte como un rabo de nube.

En realidad, Ángel para aquella mujer era “su otro yo”, aunque le costara disimularlo. Su amor por Ángel comenzó al escuchar conversaciones acerca de él por algunas mujeres de la casa y del batey de Birán, y así empezó a adorarlo.

Se amaron por primera vez en noche de luna creciente, en el silencio de la casa de madera de pino, en la incitadora magia de un batey de un lugar insólito.

No puede negarse nada de lo anterior, pero tampoco dejar de decir que Ángel María vestía en esa etapa crucial de traje blanco de dril cien y portaba un revólver de 18 tiros a la cintura, visible para todos, en una formidable cartuchera de cuero brilloso cuando el sol le daba.

Allí en el Batey con nombre taíno, mejor decir aruaco, en una casona asentada sobre horcones o pilotes de caguairán, respiró el primer oxígeno de aire un niño de singulares valores, cuyo héroe desde el instante de tener razones, fue su hermano Fidel, quien en esa fecha había terminado el primer grado de la Escuela Pública Mixta No. 15, la que revelaba un techo de cinc en aquel rincón fabuloso casi desconocido del este cubano, donde impartía clases Eufrasia Feliú.

En 1932 Raulito, con seis meses de nacido, fue llevado a la consulta de la doctora Nieves en la casa santiaguera de la calle baja de Princesa No.50, junto con Angelita, hermana de nueve años, con sospecha de problemas en la vesícula.

Raulito, con cuatro años y medio, en una vivienda de Santiago, por la noche, al verse lejos de Birán y de sus padres, sin su habitual biberón, inició un llanto interminable y un cura tuvo que comprarle uno en una farmacia de guardia nocturna y de madrugada, preventiva de situaciones de........

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