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La gaviota y el puente roto (Adiós Betty)

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05.09.2026

La gaviota y el puente roto (Adiós Betty)

Ernesto Fernández Domínguez

Ernesto Fernández Domínguez

Autor(es): Ernesto Fernández Domínguez

Este cuento obtuvo el 3er. lugar del certamen El insomnio de Gretel 2026. Pertenece a la colección «Cuentos de la migración»

La casita donde vivíamos mi hermana mayor y yo en Caibarién era de madera, con listones separados por el tiempo, y los cimientos se afincaban en lo más alto de un promontorio que miraba al mar. Por las mañanas, el Sol nos despertaba acariciando nuestros cuerpos con sus alargados dedos lumínicos que, sin pedir permiso, se deslizaban por las hendiduras de las tablas.

Me llamó mucho la atención porque no era habitual en ella. Se detuvo justo detrás de mí y observó con detenimiento el boceto de un puente roto al estilo impresionista que yo trataba de plasmar en un lienzo. Después volvió a ser ella: de un lado a otro de la casa a velocidades que hacía que nuestra vieja perra Piscis, medio ciega, se enredara con frecuencia entre sus pies y se recogiera debajo del aparador de madera oscura de la salita hasta que la llamaran a comer o a dar un pequeño paseo por los arrecifes.

Se detuvo otra vez en su veloz ir y venir y me miró dulcemente con sus ojos claros. Era la misma forma de mirar de cuando nuestra madre se marchó del país y nos quedamos solas aquí, a nuestro buen entender. Al principio, no supe cómo enfrentar esa situación con mis 12 años. Ella con 20, había madurado en un solo día; y solía observarme como ahora, con esa mirada mezcla de comprensión sana y optimismo: se percata de la inutilidad de mi esfuerzo, y a su mirada sabia le añade una pícara sonrisa. Sé que me quiere decir que aún no estoy preparada para el impresionismo. No terminé el boceto. Furiosa, lo emborroné con grafito y lo lancé por una ventana.

De la escuelita de arte de Caibarién tengo siempre buenos recuerdos, excepto de mí misma, porque logro........

© Bohemia