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Las plantaciones forestales no son tan malas y pueden ser una oportunidad para Chile

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12.09.2026

Cuando se habla de las plantaciones forestales y su carácter de monocultivos, referencia que no las distingue de los monocultivos que se riegan y demandan agua, estas se tienden a satanizar y señalar lo nefastas que son y los impactos que generan sobre el medio ambiente, referidos estos a “secar los suelos, acidificar los suelos y a generar erosión de los mismos suelos”.

Las plantaciones no responden al concepto de bosque, por la presencia de árboles de la misma especie en un orden sistemático espacial, lo que es válido también para plantaciones de especies nativas, dado que estas no poseen la expresión aleatoria de especies del bosque nativo.

No obstante, Chile se vio obligado a propiciar la plantación forestal con especies exóticas, porque desde el primer tercio del siglo XIX hasta mediados del siglo XX se generó una deforestación masiva de los bosques nativos, con incendios de varios años y destrucciones dantescas, con el fin de habilitar cientos de miles de hectáreas para la agricultura y la obtención de madera para diversos usos, definiendo grandes procesos erosivos en suelos de altas pendientes.

Lo expuesto se llevó a cabo en Chile durante más de un siglo. Así, en 1836 el científico Claudio Gay advertía al ministro Diego Portales sobre la Región de Coquimbo y su espantosa desnudez vegetacional, lo que hace presagiar a esta hermosa provincia un “lamentable porvenir”, por lo que sugería traer de Europa especies de rápido crecimiento, lo que prueba que esto no fue una idea reciente.

Balocchi y Fernández, (2026), plantean que “desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX, la expansión de tierras agrícolas destinadas al cultivo de trigo resultó en una considerable degradación de los bosques nativos en Chile”. Y citando a Schneider, 1904, señalan que entre 1845 y 1887 las exportaciones de trigo aumentan 27 veces su volumen, y entre 1880 y 1930 las cabezas de ganado se triplican (Schneider, 1904). «Los cerros, sobre todo, quedaban desnudos».

En este escenario de degradación ambiental masiva, surgió a inicios del siglo XX una posibilidad forestal, expresada en el árbol Pinus radiata o pino insigne, introducido desde California y que se desarrolló muy bien en Chile central, a tal nivel que aún hoy se le ve creciendo en suelos que no tienen más de 20 centímetros de profundidad, (los que inicialmente tenían más de dos metros y sostenían al bosque nativo chileno). A eso le siguió el Eucaliptus globulus, introducido desde Australia y con quien el notable naturalista alemán Federico Albert detuvo las dunas de Chanco, en un marco de ingeniería forestal muy destacable para su época.

De lo anterior surge la Ley de Bosques, bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, que posibilita las primeras forestaciones masivas con vistas a detener la desertificación en Chile centro sur. Esto define que Chile pudiese contar a fines de los años sesenta con más de 350.000 hectáreas forestadas.

En el gobierno del presidente Frei Montalva se llamaba a cuidar los pinos y no talarlos en Navidad, a lo que se sumó el llamado del gobierno del presidente Salvador Allende para que “hagamos de la madera un segundo sueldo para Chile”.

Y esto es importante, porque se atribuye a la dictadura militar la generación del sector forestal para el país y........

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