La capa prusiana no protege de las consecuencias: cuando la soberbia termina alimentando la violencia
Después vienen las lágrimas públicas, los discursos sobre la violencia y las declaraciones institucionales. Pero muy pocos tienen la valentía de mirar el contexto completo.
La agresión que sufrió el diputado Javier Olivares debe ser condenada sin medias tintas. Golpear a una persona por pensar distinto jamás será aceptable en democracia. Nunca. No existe justificación política, ideológica ni emocional para que la violencia física se transforme en un método de acción pública. Quien crea lo contrario simplemente está cruzando una línea peligrosa que Chile ya ha pagado demasiado caro en su historia.
Pero también creo que sería una tremenda cobardía política quedarnos solo en la condena fácil, en la declaración correcta para la cámara o en el discurso políticamente conveniente. Porque cuando un hecho de violencia ocurre en medio de un ambiente cargado de provocaciones, insultos, arrogancia y desprecio permanente hacia quienes piensan distinto, el país tiene derecho a exigir una conversación más honesta y más profunda.
Y aquí es donde muchos se incomodan.
Porque pareciera que hoy existe una especie de inmunidad moral para algunos personajes públicos que creen que pueden humillar, provocar, burlarse o actuar con soberbia de manera permanente y luego sorprenderse cuando generan rechazo social. Ojo: rechazo jamás significa violencia. Pero tampoco podemos seguir fingiendo que las palabras, las actitudes y la forma en que algunos ejercen la política no tienen consecuencias.
La política chilena se ha ido degradando peligrosamente. Hoy muchos creen que hacer política consiste en........
