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El de las manos atadas

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18.06.2026

Unos meses antes de la elección presidencial que llevó a José Antonio Kast a La Moneda, escribí un libro de circulación confidencial titulado Un buen programa para un buen gobierno. Las medidas allí propuestas suponían la existencia de una mayoría parlamentaria suficientemente amplia como para permitir al presidente implementar un programa que, sin duda, difería sustancialmente del estancamiento que hoy ya se observa en varias de sus principales metas.

Una señal elocuente de ese estancamiento es que, de mantenerse las tendencias actuales, la economía chilena ni siquiera alcanzará este año los modestos resultados que obtuvo el gobierno de Boric en su último año de gestión. Sobre la base de estos antecedentes, me atrevo a pronosticar que el gobierno de Kast terminará siendo un fracaso si no rectifica rápidamente sus líneas de acción.

Reconozco que al final de mi libro planteo una duda fundamental: si los presidentes actuales realmente tienen la capacidad de implementar los programas que prometen durante sus campañas. Esta interrogante surge de un hecho evidente: en el último medio siglo, la autoridad presidencial ha experimentado un deterioro extraordinario, reduciendo significativamente la capacidad de los mandatarios para llevar adelante las transformaciones que se proponen.

Hoy parece, en efecto, que el eje del poder se ha desplazado hacia el Parlamento. Este ha desarrollado diversos mecanismos para obstaculizar las iniciativas presidenciales, siendo el más frecuente el de empantanar los proyectos de ley impulsados por el Ejecutivo mediante una interminable sucesión de indicaciones, modificaciones y propuestas alternativas.

De esta manera, el proceso legislativo puede verse entrampado con gran eficacia, hasta el punto de que, en la práctica, muchas iniciativas presidenciales terminan naufragando, especialmente aquellas que son........

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