El cuaderno como tecnología olvidada
¿Dónde está hoy, en la jornada escolar de un estudiante chileno, el momento en que ese estudiante escribe algo con sus propias palabras, por sus propios medios, sin que nadie le haya diseñado de antemano el recipiente?
Hace algunos años, un profesor de historia les pidió a sus alumnos de segundo medio que abrieran el cuaderno para retomar los apuntes de la semana anterior. La mitad no lo había traído. Dos incluso no recordaban dónde lo habían dejado. Uno confesó, sin sentirse muy incómodo, que lo había perdido en octubre. Era mayo.
Este episodio podría leerse como una anécdota menor sobre el desorden que suele aquejar a los adolescentes, incluso hoy. Pero hay algo en ese cuaderno perdido que pienso y que vale la pena no dejar ir tan fácilmente. Ese objeto extraviado no era solo un cuaderno: era el registro visible de que un estudiante había estado presente en su propio proceso de aprendizaje. Y sin él, no quedaba evidencia de que eso hubiera ocurrido.
Durante muchos años, el cuaderno ha sido la tecnología central dentro del aula escolar. No tecnología en el sentido más contemporáneo del término —pantallas, plataformas, aplicaciones, inteligencia........
