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Irán delenda est: promesa de tempestad

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06.04.2026

Es el riesgo de hacer de “la geopolítica de las emociones” (Moisi, 2009) la marca distintiva de un gobierno -con el miedo, la humillación y la furia como enseñas–, que hace depender toda negociación en situaciones de conflicto sobre juegos de suma cero, con la idea de ganar todo.

Cuando durante el solemne discurso del presidente Donald Trump en la Casa Blanca del miércoles 31 de marzo escuché al mandatario estadounidense asegurar que «devolvería» a Irán «a la Edad de Piedra a la que pertenecen» no pude evitar recordar la frase con que, según diversas fuentes latinas, el senador romano Catón el Viejo, solía concluir cada uno de sus discursos: un altisonante “Carthago delenda est” (“Cartago debe ser destruida”).

Antes, Roma ya había ganado las dos primeras Guerras Púnicas, y la ciudad cartaginesa, con su reducido territorio, ya no constituía una amenaza para la república imperial. Sin embargo, su renovada disposición de recursos causó impresión de peligro entre algunos que tampoco lograban convencer a un Senado de la Ciudad Eterna, cuyos líderes argumentaron que sólo buscaban provocar el temor a un enemigo común para así mantener a la plebe bajo control.

El debate se zanjó cuando Cartago atacó a la protegida de Roma Masinisa, brindándole un casus belli, dado que la urbe norafricana se había comprometido a no iniciar ninguna guerra sin la aprobación romana.

En el 146 a.C., Cartago fue arrasada, su población esclavizada, y su territorio pasó a ser una provincia. Desde luego no estoy refiriendo otro de aquellos déjà vu que........

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