¿Por qué se habla tan poco de las mujeres afganas?
En agosto de 2021, cuando los talibanes entraron nuevamente en Kabul, el mundo asistió en directo a una derrota que parecía condensarse en una sola imagen: miles de personas intentando huir, familias separadas en el aeropuerto, hombres colgados de aviones militares, mujeres que intuían -quizá mejor que nadie- lo que venía. Durante algunas semanas Afganistán volvió a ocupar portadas, discursos, declaraciones solemnes. Después, poco a poco, desapareció. Han pasado cinco años.
Un reciente reportaje de La Repubblica de Italia vuelve sobre ese país que el mundo progresista parece haber archivado. El título es brutal por su sencillez: “Mujeres borradas, ejecuciones y pobreza extrema”. No se trata de una exageración periodística. Afganistán ha vuelto a ser una teocracia represiva, empobrecida, con severas restricciones a la libertad de prensa y con una persecución sistemática contra las mujeres.
Cuando recuperaron el poder, los talibanes prometieron que esta vez serían distintos. Hablaron de amnistía y aseguraron que las mujeres conservarían sus derechos dentro de la sharía. Intenciones que fueron espejismo. Una sucesión de decretos fue cerrándoles progresivamente la vida pública: primero la educación, luego el trabajo, después los espacios comunes, los desplazamientos, incluso la posibilidad de hacer escuchar su voz en determinados ámbitos.
Naciones Unidas contabiliza ya más de cien disposiciones que restringen los derechos de mujeres y niñas. Afganistán es hoy el único país del mundo donde existe una exclusión de esta magnitud respecto de la educación, el empleo, la movilidad y la participación pública. Y entre los........
