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Roberto Merino: anotaciones al margen de Ciudad del olvido

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09.07.2026

En el número uno de Le Navire d’Argent (El barco de plata), la revista de Adrienne Monnier, un artículo de Valery Larbaud pudo haber sido escrito por Roberto Merino hace cien años. En “Paris de France” decreta el “derecho a la ciudad” aparejado al mismo repertorio de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el que se valida caminando y conociendo la urbe, yendo a los barrios, durmiendo en ellos, escribiendo las novelas y obras literarias in situ.

Larbaud llegó a elaborar un cuestionario con preguntas sobre las calles y puntos de interés cultural que bien respondido te hacía adjudicatario de un “certificado de parisianidad”, la máxima distinción para un citadino. El escritor buscaba terminar con el provincianismo en el propio París, ya que no se iba de un distrito a otro ni en plan ojeo; trataba de combatir la segregación, el desconocimiento del convecino, la soledad sobreviniente cuando has perdido las referencias y los contactos humanos con el que no está tan lejos después de todo.

Es el grado de adhesión que uno observa en el trabajo de Merino, como en este reciente libro Ciudad del olvido (2026), una recopilación de crónicas y textos provenientes de otros lomos y un par de inéditos de interés. El olvido (sustantivo abstracto central en el título) no es sólo la pérdida de algo, un efecto natural del paso del tiempo como se supone, sino también le pertenece en el significado una voluntaria operación de ocultamiento (hablamos de las raíces griegas, por supuesto). En este olvido voluntario, interesado, por tanto, hay fuerzas que lo animan: las finanzas, el mercado, las inmobiliarias, son todo un brazo ejecutor que aquí también se explicita en lo que toca. El otro me parece una de las vertientes de la política que se hizo patente en la agresión a la ciudad en los hechos cuasi revolucionarios de octubre de 2019, y que una opinión irresponsable apoyó como un costo a pagar mientras los fulgores de la pira les inflamaban el rostro: la ciudad de Santiago fue quemada como un papel bajo el fuego del lanzallamas de Montag.

Merino nos convoca a hablar una especie de lengua muerta, a una filología urbana hecha de derrumbes, eriazos, fantasmas, voces en off, cartelería, publicaciones del ramo, retazos de la historia citadina que nos incumbe. La urbe secreta un lenguaje que Merino........

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