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Neruda, Lihn y Parra versus Fidel Castro

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26.02.2026

El lenguaje ideologizado es cerrado, se alimenta de sí mismo, se esclerotiza en su compartimento estanco, pierde contacto con la realidad.

Estos tres eminentes poetas chilenos, sin hacerle el “juego al enemigo”, se distanciaron de Cuba y Fidel Castro por cuestiones políticas de manera coincidente hacia fines de los sesenta. Hay detalles conocidos y otros no tanto, entre los últimos el proceso de ciertas reflexiones originalmente literarias que fundaron la ruptura.

Revisar estos incidentes tiene, sin embargo, un motivo coyuntural en la trastienda que a nadie se le escapa, pero además, una problemática de fondo referida a la naturaleza de la lengua poética que no circula con el desplante debido, como si no tuviera sus títulos propios, sombreados en parte por el monopolio de lo político que no deja ver más allá. ¿Qué hay detrás de estos distanciamientos con el régimen castrista?, ¿se puede examinar con utilidad tales incordios para un ahora? Paso a bosquejar los hechos.

En julio de 1966 se fecha una carta serpentina dirigida al vate con ocasión del libresco viaje a una reunión de PEN Club en Nueva York. Allí, con su presencia, habría avalado las declaraciones alegres de Carlos Fuentes al declarar en una revista: “entierro de la guerra fría en literatura”, falso titular en momentos en que USA agredía a Vietnam; la carta atribuía el derecho de declarar este fin de las hostilidades sólo a “las luchas de liberación nacional” y “a las guerrillas”. Es decir, todos deberían estar apostados, con uniforme de combate haciendo puntería, y no perdiendo el tiempo en estas reuniones de escritores.

Neruda con su presencia estaría avalando estos planes “culturales” distractores de la CIA, a la vez que a personajes como Emir Rodríguez Monegal –con el que compartió un coloquio-, ensayista digitado para fundar revistas financiadas por la misma agencia de acuerdo a un vasto plan de intervención norteamericana. El colmo para los remitentes fue el regado almuerzo con Belaúnde Terry (ya Neruda de vuelta), presidente de Perú, mientras los guerrilleros se batían en las montañas luchando por la liberación y con presos políticos en las cárceles. La carta recurre a una mañosa y frustrada analogía entre Fernando Belaúnde y Gabriel González Videla. Sólo recordar que a Belaúnde los militares le dieron un golpe.

La sola insinuación de que Neruda se habría prestado a los juegos de la política norteamericana y........

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