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Mario Vargas Llosa: gracias por venir a Chile en 1981

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23.04.2026

Sea como fuere, estas visitas eran verdadero oxígeno para la vida chilena, no estábamos solos, creaban un espíritu de cuerpo, el lenguaje oído trazaba un horizonte posible a alcanzar.

No sé cómo de pronto me entero de la venida de Mario Vargas Llosa a Chile, al Teatro La Comedia, en calle Merced del centro de Santiago. Lo único que conocía del escritor era La tía Julia y el escribidor, pero con eso bastaba porque ese par de radios limeñas –Panamericana y Central- habían atraído mi atención y curiosidad para saber cómo se armaban esos radioteatros en la mente delirante de Pedro Camacho, quien “no era un hombre sino una industria”, aunque yo era de la generación de la tele y esto sonaba algo anticuado.

De todas maneras, de Vargas se hablaba, se leía en los diarios o revistas, sus libros circulaban en algunas librerías. Era realmente todo un acontecimiento que estuviera aquí, y sobre todo pensando en la absoluta escasez de estos tráficos culturales en ese tiempo de voces de escalafón alérgicas a la labia intelectual.

A esa altura de mis diecisiete años de junio del año 1981, diría que nunca había conocido a un escritor, digo encontrarme con uno de carne y hueso y no sólo en el papel. Un escritor ya era para mí un espécimen de interés. Al tiempo tenía ciertas lecturas que me ponían en la pista, como una buena biblioteca con la que tenía trato en la casa de mis abuelos maternos.

Aunque, si recuerdo, no figuraban ahí libros de lo que se llamaba “narrativa latinoamericana” o “boom” al que pertenecía el peruano; no, nada “actual” o de los sesenta en adelante, sino clásicos alemanes, ingleses y españoles principalmente, además de mucho libro de historia y arte de gran factura. Mucho libro alemán –algunos con esa tipografía gótica– porque mis abuelos habían estudiado en la Universidad de Berlín en los años veinte, y sin ser alemanes, hablaban alemán todo el día y nos traducían esos libros en lecturas ocasionales.

Es cierto que había conocido -en circunstancias que no voy a detallar ahora- a Alone (Hernán Díaz Arrieta), pero de él se hablaba como crítico y no en este sentido restrictivo de escritor. Aunque hoy lo considero un escritor como cualquier otro. Una buena prueba puede ser Pretérito imperfecto, su libro de memorias. Y ya ostentaba ese pergamino de Premio Nacional de Literatura, aunque ésa es una categoría que puede no decir nada sobre el valor de la obra de un........

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