¿Cable chino o zapato chino?
El episodio del cable no es un incidente aislado: es un síntoma.
La negativa de visas de Estados Unidos a tres altos funcionarios del gobierno y la advertencia sobre una eventual revisión del programa Visa Waiver indica que Washington espera de Chile alineamiento, no ambigüedad. El viaje del presidente electo a Miami y el destino del proyecto de cable submarino precisarán el tono y los límites de la relación bilateral.
Chile llega a esta encrucijada en un cuarto oscuro. Ni el gobierno ni la oposición dimensionaron a tiempo la intensidad de la rivalidad entre EE.UU. y China ni asumieron que esa pugna inevitablemente atravesaría nuestro mar y de paso nuestras decisiones soberanas.
El proyecto fue abordado como si se tratara de una licitación ordinaria. El debate se confinó a la legalidad formal, bajo la premisa implícita de que el marco normativo bastaría para neutralizar cualquier tensión geopolítica.
Pero la cuestión de fondo nunca fue jurídica, sino histórica: ¿responden nuestras reglas a la nueva estructura de poder global? La respuesta, incómoda pero evidente, es negativa.
Gran parte........
