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Los cuatro ecosistemas y los principales líderes políticos en Chile hoy

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10.08.2026

La entrega mensual de la encuesta LCN se realizó la semana pasada. Se diseñó una batería de preguntas para caracterizar líderes en el marco de un escenario de crisis de legitimidad y de desafección institucional, que son factores que han ido apareciendo muy relevantes en las dos últimas elecciones. Esta columna recorre el análisis de los líderes políticos en el marco de este contexto.

Como hemos insistido, la política chilena empieza a mostrar una estructura más compleja que la tradicional división entre izquierda, centro y derecha. Las evaluaciones de dirigentes, las preferencias valóricas, los niveles de anomia, la relación con las instituciones y las correlaciones entre liderazgos permiten observar algo distinto: existen verdaderos ecosistemas políticos, espacios en los que determinadas figuras encuentran públicos que comparten no solo una orientación ideológica, sino también una manera de entender el progreso, el orden, la igualdad, el mérito y el papel de las instituciones.

Comprender esta multidimensionalidad es crucial porque las cargas históricas del significado de decir, por ejemplo, “centro” suelen generar una confusión, imaginándonos clases medias institucionalistas, moderadas, deudoras de épocas concertacionistas, en esa síntesis histórica de Chile que alguna vez he caracterizado con la fórmula Portales dividido por el Padre Hurtado.

Pero esta mirada sobre el centro, por solo dar este ejemplo, ya no es plenamente así. Es cierto solo entre un tercio o un cuarto de quienes se declaran de centro. El resto está en un lugar muy distinto. Esto es crucial porque las encuestas tienen problemas para ‘llenar’ el significado de lo que miden, eso es parte de su gracia y de sus problemas.

Hay que mejorar el mapa para comprender el territorio.

Por otro lado, la cuestión relevante ya no es únicamente quién obtiene una mejor evaluación, sino qué clase de territorio social existe detrás de cada liderazgo y hasta dónde ese territorio puede expandirse.

La primera constatación es que la sociedad encuestada consolida una modificación importante en términos de valores. Históricamente los valores principales siempre eran igualdad (preferencia de los encuestados de izquierda) y orden (preferencia de los encuestados de derecha). La situación se ha modificado.

Actualmente “igualdad” y “progreso” ocupan un lugar especialmente importante en el sistema de valores, mientras “orden” y “libertad” constituyen un segundo conjunto de orientaciones por debajo. Aun cuando ”igualdad” se mantiene en posición, ha tenido una historia muy móvil en los últimos quince años, moviéndose al alza entre 2011 a 2021 (llegando a 55% como máximo) y luego llegando al tercer lugar el año pasado con su puntaje más bajo de orden del 25%. Hoy desde el cambio de gobierno ha subido diez puntos desde el puntaje del año pasado.

La segunda constatación es todavía más importante. La desafección institucional no equivale necesariamente a anomia. Hay personas que consideran que las instituciones no las protegen, que las élites no valoran su forma de vida o que el futuro del país resulta incierto y, sin embargo, conservan una fuerte adhesión a las reglas, al esfuerzo y a mecanismos convencionales de movilidad.

Esto permite distinguir entre quienes desean sustituir o transformar instituciones y quienes han comenzado a desvincularse normativamente de ellas. Esa diferencia es decisiva para interpretar los liderazgos que aparecen como disruptivos.

Franco Parisi es probablemente el caso donde esta distinción resulta más fértil. Su espacio político no se entiende bien si se lo considera simplemente como “centro”. Quienes se sienten atraídos por él muestran una combinación de aspiración económica, valoración del progreso, confianza relativamente importante en el mérito y una relación crítica con el sistema político. No es el electorado que piensa que todo está perdido; es más bien el que considera que podría avanzar si el entramado institucional dejara de obstaculizarlo. De allí la expresión que mejor parece describirlo: desencanto aspiracional.

La singularidad de Parisi consiste en que su desafección no necesita convertirse en una ideología completa. Puede convivir con orientaciones económicas bastante convencionales, con la expectativa de movilidad y con la convicción de que el esfuerzo personal debería producir resultados. Su crítica está dirigida menos contra la posibilidad del progreso que contra quienes administran sus vías de acceso. Es un electorado que puede........

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