Cuando, por fin, se vaya Mourinho
Cuando, por fin, se fue Mourinho, volvió la paz a las comidas con mis amigos. Dejé de escuchar, por fin, ese mantra de que el Madrid no hacía fútbol, que me repetía uno que no acababa de entender la regla del fuera de juego. Se me perdonó, por fin, que Casillas no fuera el portero del Madrid, aunque después de Lisboa ya me lo perdonarían de corazón. Fue irse, por fin, Mou y volver a disfrutar, por fin, de los vinos y las conversaciones. De la amistad de hacía treinta y tantos años. Yo compartía el pan de la derrota con Angelita, madre de Petón, que le admiraba.
Le dedicó uno de sus libros de poemas, encomendándole a la Virgen. Le tenía por un hombre recto y le sublevaban sus acosadores. Pero hay que saber reconocer la realidad. Habían ganado. Es mejor así, Angelita, le consolaba en su duelo, aquí no podía ser feliz. Ni yo mismo aguantaba un día más aquella intensidad. A Mourinho, calificado de personaje divisivo, se le reprochó con dureza el fichaje de Luka Modric. Luka Modric. Debería poner fin al alegato. Pero aprendimos cosas, gracias a Mourinho, que debo mencionar. Mucho de la........
