Cuando lo difícil parece fácil
Cuando toca analizar un España-Portugal, un duelo que enfrenta a la tercera y la séptima selección del ranking FIFA, lo lógico es esperar un enfrentamiento entre dos gigantes llamados a disputarse la victoria de poder a poder. Un partido de máxima exigencia en el que el talento individual y la capacidad colectiva de ambos equipos están bajo el foco.
Hasta ahí todo lógico. Respeto, admiración y reconocimiento mutuo. Pero existen factores que decantan el inicio de los partidos en favor de España, como el reconocimiento y la admiración de todos los rivales hacia su comportamiento colectivo.
Luis de la Fuente fue ambicioso desde la pizarra del vestuario cuando dio a conocer la alineación. La decisión reflejaba una clara intención de ir a por el partido, especialmente ante un rival de la entidad de Portugal. En encuentros de máxima exigencia, el seleccionador había apostado en ocasiones por reforzar el centro del campo, buscando mayor equilibrio y posesión. Por eso, la presencia de Mikel Merino o Fabián en el once, en lugar de Olmo, era una posibilidad más que probable. Del mismo modo, la inclusión de Marcos Llorente por Pedro Porro era una opción que tenía argumentos propios, sobre todo por la velocidad del jugador del Atlético y su capacidad para corregir espacios ante los previsibles contragolpes lusos por la banda izquierda.
Pero el plan de partido, con su correspondiente once, le salió a nuestro........
