El eclipse del verso de plomo
El salón de mármol frío resonaba con el eco de sus propios aplausos, nadie más se atrevía a interrumpir el silencio. Tarek, ataviado con un traje impecable que pretendía ocultar la rigidez de su postura, contemplaba las páginas amarillentas de su último manuscrito, en su mente, aquellas líneas eran dagas de fuego; para el resto del mundo, eran sólo tinta inerte y metáforas oxidadas. "El viento ruge como un lobo de asfalto" recitó en voz alta, buscando la mirada de su secretario, el subordinado asintió con una prisa nacida del miedo, no de la admiración, sabía que, en ese despacho, un ceño fruncido del poeta significaba el fin de una carrera, o algo peor.
Willians no siempre había sido un hombre de leyes de hierro y decretos oscuros. En su juventud, había caminado por las calles persiguiendo la sombra de los grandes literatos, convencido de que su nombre se grabaría en letras de oro junto a los poetas como Ramos Sucre, Andrés........
