Café venezolano: del suelo fértil a la taza humeante
"Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos".
Thomas Carlyle
En plena montaña, bajo el rigor imponente de la vida natural, en las entrañas verdes de los Andes venezolanos, al piedemonte de esta patria adolorida, donde las nubes se besan con las cumbres y la tierra exhala un aroma a promesa incumplida, nace el café como una invitación a la vida.
Todo comienza a paso de esfuerzo campesino, ese sublime ser, olvidado por los que mueven los hilos del mercado y del poder, guardián callado de la ladera y la montaña, que con manos curtidas por el sol y la lluvia, siembra la semilla buscando el mejor lecho de humus fértil y vivo. Imagina a los viejos Ramón y Andrea, que pueden vivir en su finca de Táchira, Lara, Portuguesa o en el histórico Trujillo. Imagínalos soterrando la semilla en la tierra negra como el petróleo que duerme muy abajo en el subsuelo, murmurando oraciones a San Isidro y otras deidades, mientras la semilla, diminuta como una lágrima de rocío, se entierra para nacer un día en que la vida nos sorprende. Algunos días después, brota el cafeto, una chapola que no es mas que un retoño........
