Manifiesto del puente roto
Declaramos que la inocencia proclamada por el presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores no espera la validación de tribunales extranjeros. Ante la Justicia Divina —única perfecta, única insobornable— la palabra de un hombre honesto y justo ya es sentencia. Quien es inocente no debería necesitar millones de dólares para probarlo.
Si existe una pureza original en el sistema judicial norteamericano, esa pureza reside en garantizar la defensa y el debido proceso a todo acusado sin vaciarle su alma y, mucho menos, el dinero de un pueblo honesto y trabajador. Por tanto, el Estado norteamericano debe colocar fiscales competentes. Que el mismo sistema que acusa garantice el derecho sagrado a la defensa, sin que ello represente una mordida al pan de los humildes. Cada centavo desviado a bufetes prestigiosos, cada centavo echado en un saco de diseñador (Vuitton, Kiton...) atenta contra nuestra tierra sagrada: es un acto de malversación económica y espiritual. El dinero del pueblo tiene destino escrito: alimentos, educación, ciencia y tecnología, un sistema de salud y medicinas, agua potable, energía eléctrica, asfalto y reparación de puentes ROTOS.
En los campos, nuestros campesinos y campesinas —guardianes de la soberanía alimentaria— cruzan a pie, hacen cadenas humanas y a hombros cargan sacos, cestas y guacales, capaces de cruzar hasta tres puentes rotos para llevar sus cosechas a los mercados comunitarios y Centros de Intercambios........
