Patria, petróleo y dignidad
Durante más de dos décadas, la Revolución Bolivariana de Venezuela construyó su identidad y legitimidad sobre un pilar innegociable: el antiimperialismo. No era un simple slogan, sino la columna vertebral de un relato histórico que movilizó a millones de personas, justificó cada tensión con Washington, cada alianza estratégica con Pekín o Moscú, y cada nacionalización. El petróleo no era solo un recurso; era el arma soberana, la palanca con la que Venezuela se atrevía a mirar a los ojos a la potencia del norte y decirle: hasta aquí. Con esos símbolos se condenó con razón en muchos casos el intervencionismo histórico de Estados Unidos sobre América Latina.
Hoy, ese relato nacionalista y soberano exhibe fracturas terminales que ya no pueden ocultarse bajo una alfombra de consignas desgastadas. La tragedia política de la Venezuela actual no reside únicamente en el asedio externo, que persiste, ni en las amenazas imperiales tradicionales. La contradicción más peligrosa surge cuando quienes se proclamaron herederos de Simón Bolívar y protectores de la independencia terminan siendo señalados por amplios sectores populares como administradores de una entrega silenciosa y calculada del país.
El descontento popular no nace únicamente del colapso económico que ha devastado el salario de los trabajadores o del deterioro institucional. Nace, fundamentalmente, de una profunda sensación de humillación nacional. Para muchos venezolanos resulta inconcebible observar las señales crecientes de influencia estadounidense sobre decisiones energéticas, petroleras y estratégicas clave, mientras desde el poder se continúa utilizando un discurso revolucionario que ya no coincide en absoluto con los hechos. Las denuncias ya no provienen solamente de la oposición tradicional; emergen, con creciente fuerza, desde sectores chavistas críticos, antiguos militantes de izquierda, nacionalistas y ciudadanos de a pie que alguna vez creyeron sinceramente en la construcción de un proyecto soberano.
La indignación popular se profundiza y se torna ruidosa cuando aparecen declaraciones públicas desde Washington que retratan a Venezuela no como un país soberano, sino como un espacio subordinado a intereses geopolíticos extranjeros. Recientemente, el expresidente Donald Trump afirmó que los ingresos del petróleo........
