La Traición como Destino, cuando se pierde el norte
En la historia de América Latina, pocos actos políticos alcanzan el nivel de abyección que representa la renuncia voluntaria a la soberanía nacional. No hablamos aquí de las derrotas militares, ni de las imposiciones coloniales del pasado, sino de algo mucho más grave: la entrega consciente y celebratoria de la patria por parte de quienes dicen representar su liberación.
La reciente declaración de una figura opositora venezolana marca un punto de inflexión que trasciende las disputas políticas internas. Lo que presenciamos no es simplemente un desacuerdo ideológico o una estrategia controversial, sino la manifestación desnuda de un servilismo que habría avergonzado incluso a los colaboracionistas más célebres de la historia. Cuando alguien que se presenta como alternativa democrática propone la anexión territorial de su país como solución política, no estamos ante un debate sobre modelos de gobierno, sino ante la negación misma de la existencia nacional.
La gravedad de estas posturas radica en su ataque directo a los cimientos de la identidad venezolana. Deslegitimar las luchas independentistas, reducir siglos de historia a un error que debe corregirse mediante la subordinación total, y ofrecer los recursos naturales de toda una nación como tributo a una potencia extranjera constituyen actos que ningún marco de referencia democrático puede acoger. Esta no es oposición política; es capitulación ontológica. Quizás el aspecto más revelador y ofensivo de estas declaraciones sea el ataque directo contra Simón........
