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¿Qué pasa en Medio Oriente hoy? Interregno imperial, disputa civilizatoria y guerra por la mente en el corazón del mundo

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06.03.2026

El mapa del desorden global geopolítico contemporáneo, pasa inevitablemente por Medio Oriente. Desde la devastación prolongada en Gaza, las tensiones en el Mar Rojo, la guerra en Siria, la fragilidad libanesa y la disputa indirecta entre Estados Unidos e Irán, a través de Israel, hasta la reconfiguración diplomática entre potencias árabes y asiáticas, la región se ha convertido en el laboratorio más visible del interregno global.

Antonio Gramsci definió el interregno como el momento histórico en que “lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”. Hoy, esa frase resuena con fuerza en el Medio Oriente. El orden basado en reglas para EE.UU, posterior a la Guerra Fría no ha desaparecido, pero ha perdido capacidad hegemónica; las potencias emergentes aún no consolidan un nuevo equilibrio y los pueblos viven en la tensión entre guerra permanente y promesas de normalización.

Lo que ocurre en Medio Oriente no es un conflicto aislado: es el espejo ampliado de la crisis civilizatoria global. El siguiente monólogo imaginario trata de aproximarse a respuestas empíricas, sin pretensiones de ser geopolíticas y mucho menos científicas, es una “mirada otra” de los acontecimientos que tratamos.

Geopolitólogo del interregno: No estamos ante una guerra más, estamos ante la expresión regional de una crisis estructural del orden mundial. Estados Unidos conserva superioridad militar, pero ha perdido capacidad de liderazgo moral y consenso universal. Cuando la hegemonía imperial se debilita, la coerción y la fuerza aumenta. Tras los ataques del 28 F de 2026 y la devastadora respuesta israelí en Gaza, el conflicto dejó de ser únicamente palestino-israelí. La confrontación adquirió carácter regional y con tendencia a escalada global: a) Irán activando su red de aliados, b) Hezbolá tensionando la frontera norte, c) Hutíes atacando rutas comerciales en el Mar Rojo, d) Estados Unidos desplegando portaaviones para disuadir escaladas. Israel ya no combate solo a Hamas; se enfrenta a una constelación estratégica vinculada a Irán. Y Washington ya no interviene como árbitro indiscutido, sino como actor directamente implicado. El interregno se manifiesta así: poder militar intacto, legitimidad y moralidad imperial erosionada.

El autor estadunidense: Nuestra presencia en la región garantiza estabilidad y protege el comercio global. Desde la perspectiva estratégica de Estados Unidos, Medio Oriente cumple tres funciones centrales: a) Seguridad energética global, b) Protección de Israel como aliado estratégico histórico, c) Contención de Irán y limitación de la influencia rusa y china. Sin embargo, el uso sistemático de sanciones, despliegues navales y apoyo militar irrestricto ha debilitado la narrativa del orden basado en reglas de EE.UU. El derecho internacional parece aplicarse de manera selectiva, esa selectividad erosiona la universalidad que sostenía la hegemonía imperial. La dominación permanece, la hegemonía se diluye.

Autor israelíta: Estamos luchando por nuestra supervivencia. Desde la perspectiva israelí, el ataque inicial de Hamas confirmó la amenaza existencial permanente. La respuesta militar masiva busca restablecer disuasión regional. Pero el costo humanitario ha sido devastador y ha reconfigurado la opinión pública global. Gaza se convirtió en símbolo de la crisis moral del orden internacional. Las imágenes circulan en tiempo real, alimentando indignación planetaria. Israel enfrenta una paradoja: superioridad militar incuestionable, pero creciente cuestionamiento político y ético.

Pensador decolonial: Lo que ocurre comenzó con la repartición colonial. El enfoque decolonial recuerda que la arquitectura regional fue diseñada tras la caída del Imperio Otomano mediante acuerdos europeos como el Acuerdo Sykes-Picot: Fronteras artificiales, Estados frágiles, minorías fragmentadas. La modernidad europea no solo produjo Estados; produjo jerarquías. Algunas vidas parecen imprescindibles, otras, prescindibles. El pensamiento de Aníbal Quijano sobre la colonialidad del poder ayuda a comprender por qué ciertas poblaciones quedan atrapadas en la “zona del no-ser”. Desde esta mirada otra, Medio Oriente no es caos ancestral, es consecuencia de una matriz histórica de dominación colonial que nunca desapareció, sino se disfrazó de colonialidad.

Autor ruso: La cuestión no es solo colonial, es civilizatoria. Medio Oriente es el epicentro del choque entre la civilización atlántica y las resistencias tradicionales. Irán no es un Estado-nación moderno: es una teocracia que encarna milenios de civilización persa-islámica. Israel es un enclave de la modernidad occidental en territorio sagrado. Turquía oscila entre su alma otomana y su cuerpo kemalista. El conflicto no es por recursos: es por el alma del mundo.

La voz iraní: No buscamos la guerra total, buscamos equilibrio y respeto de nuestra soberanía y autodeterminación como pueblo. El conflicto actual no es meramente religioso ni ideológico, es geopolítico. Ustedes hablan de interregno, de colonialidad, de Estados civilizatorio. Nosotros hablamos de resistencia. Desde 1979, Irán ha sido sometido a todas las formas de dominación: golpes de Estado, guerra química, terrorismo patrocinado, asfixia financiera. Y aún estamos aquí. La pregunta no es qué pasa en Medio Oriente, sino quién define lo que pasa. ¿Son los drones y misiles o son los pueblos? Porque cuando ustedes discuten sobre narrativas, nosotros enterramos a nuestros muertos.

Desde Teherán, el momento actual es leído como oportunidad: a) Estados Unidos aparece desesperado, disfrazdo de aparente triunfalismo, para disimular su desenfreno genocida b) Israel enfrenta aislamiento diplomático creciente, c) China emerge como mediador alternativo. La disputa ya no es solo territorial, es narrativa históricamente desde hace casi medio siglo. EE,UU, no ha podido cambiar el gobierno de los Ayatolás, con narrativas estigmatizadoras, ni revoluciones de colores, ni con las guerras cognitivas, ataque militares “sorpresivo”, pero, ha ocasionado desgaste, sufrimiento humano, alto número de vidas humanas y falsa información en el mundo occidental, con narrativas, como buscar la liberación de la mujer iraní, con narrativas del feminismo neoliberal.

Enviado de Riad: Con todo respeto, la resistencia tiene un costo. Nosotros hemos elegido otro camino: la diversificación de alianzas. China compra nuestro petróleo en yuanes, Rusia coordina con nosotros los precios del crudo, y Estados Unidos sigue garantizando nuestra seguridad. Eso no es traición: es supervivencia. El reino ha entendido que la multipolaridad no es una opción ideológica, sino una realidad material. ¿Qué pasa en Medio Oriente? Pasa que estamos aprendiendo a no depender de un solo amo.

Combatiente de Gaza: Ustedes hablan de fuerza, nosotros hablamos de hambre. Mis hijos no saben qué es un hospital, los hospitales son ruinas. Mis vecinos no saben qué es un alto el fuego, los altos el fuego son pausas para que lleguen más bombas. ¿Saben lo que es Gaza en 2026? Es el lugar donde Occidente perdió definitivamente el control de su propia narrativa moral. No porque nosotros ganáramos, sino porque ellos se desnudaron. Cuando un niño muere bajo los escombros, un político en Washington habla de "derecho a defenderse", la mentira ya no sostiene nada.

Hablan las mentes como territorios en disputa: Esta guerra también ocurre en los algoritmos. La cobertura mediática, la manipulación digital, la inteligencia artificial y las campañas de desinformación configuran una guerra cognitiva global. La verdad se fragmenta en burbujas informativas falsas. Inspirándonos en Byung-Chul Han, podemos decir que la geopolítica actual es también psicopolítica: no solo se disputan territorios, sino percepciones, emociones y deseos. O como sostiene Sosahann Zuboff, es una plusvalía conductual como resultado del capitalismo digital y de la economía de las percepciones y atenciones de la arquitectura cerebral como campo de batalla. La pregunta central no es únicamente quién controla Gaza o el Golfo Pérsico, sino quién controla el relato sobre lo que allí ocurre.

La tendencia hacia la escalada de una guerra regional a una guerra global y sus desenlaces

Los ataques hutíes contra buques en el Mar Rojo evidencian que el conflicto impacta el comercio global. El estrecho de Bab el-Mandeb conecta Asia con Europa a través del canal de Suez. Una interrupción sostenida altera cadenas de suministro mundiales. El dominio de los mares es tema central sobre la geopolítica del interregno, reaparece con fuerza. Las rutas marítimas son arterias del capitalismo global. Quien las controle, condiciona la economía planetaria. 

Tres escenarios posibles: a) Escalada regional mayor: confrontación directa entre Israel e Irán, involucrando a Estados Unidos y posiblemente a Rusia, China o ambas, causando un impacto energético global severo, b) Contención inestable: conflicto prolongado de baja intensidad, con guerras proxy y negociaciones intermitentes, c) Reconfiguración multipolar: mayor presencia diplomática china, reducción gradual de la influencia exclusiva estadounidense y transición hacia equilibrio regional más distribuido.

Medio Oriente es hoy el termómetro del sistema mundial. Lo que allí sucede expresa: a) La crisis de hegemonía estadounidense, b) La emergencia de polos alternativos, c) La erosión del derecho internacional universal, d) La guerra cognitiva como dimensión estructural. El interregno no es mero caos. Es orden sin rumbo.

El desenlace dependerá de si la región se convierte en: a) escenario de recolonización coercitiva hegemónica de EE.UU, b) laboratorio de catástrofe permanente, c) punto de partida para una transición hacia pluralidad civilizatoria o de Estados civilizatorios.

La historia no está escrita pero, el peligro es alto, cuando las potencias actúan desde la ansiedad del declive y no desde la prudencia estratégica, los conflictos locales pueden adquirir escala sistémica.

Medio Oriente no es el problema del mundo. Es el espejo del mundo. Y lo que vemos en ese espejo es una civilización en disputa consigo misma.


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