Psicoanálisis e Integración de la América Nuestra unamos lo que parece lejano
Para analizar la actual situación de nuestro país, es necesario considerar la correlación de fuerzas del capital y el trabajo a nivel mundial, donde se decide en varios aspectos el destino de muchos. Y ahí es indudable la paulatina desaparición de los movimientos de izquierda, progresistas y populares para llegar a un predominio casi absoluto de la derecha. Porque sucedió esto, es una pregunta que todos los interesados en impulsar las luchas populares debe hacerse permanentemente para no repetir en cada país los procesos de aislamiento y desaparición.
Para nosotros la respuesta sobre la acentuada disminución política de las fuerzas de izquierda gira en torno a la carencia de propuestas palpables, visibles, que en la práctica demostraran que podían solucionar las crisis y sufrimientos que genera el capitalismo. No basta con llamar al socialismo, hay que construirlo eficientemente en la realidad, con resultados en todos los aspectos, no solo en la justicia social.
Sumamos a esto el abandono del estudio sistemático y politico que trajeran nuevas ideas al debate ideológico. Por ultimo queremos mencionar lo que es el objeto de este artículo, es la carencia de dos propuestas organizadores de las sociedades modernas, como son la industrialización creciente, y la unidad interna y externa.
Con respecto a la unidad, vemos como la desunión es cada vez más campante en América Nuestra, los países están más desunidos que nunca, nadie parece encontrar el cemento que puede unir y mantenernos unidos a pesar de las circunstancias.
Es por lo tanto necesario que se haga un esfuerzo para renovar lo que era el almacén de ideas de la izquierda que ya no se parece a un gran establecimiento sino a la venta de libros bajo el puente de la Avenida Urdaneta. Es imprescindible trabajar la unidad de las naciones, sin grandes teorías o metas inalcanzables, solo aportando elementos necesarios de evolución.
Traemos en ese sentido la analogía, que así como el psicoanalista valientemente se interna en el difícil y borrascoso mundo de la neurosis o la demencia de sus pacientes hasta lograr la mejora e inclusive su cura, así los políticos deben adentrarse en el difícil mundo de la fragmentación y diferencia de los países de Nuestra América para tratar a aportar elementos que permitan su colaboración o unidad. No es una simple proyección mecánica de una ciencia de lo individual a lo colectivo sino tratar de manejar algunos conceptos claves como entender que la fragmentación debemos verla en su historia, una patología histórica con causas y efectos que impiden el reconocimiento del "yo" continental, el regional e inclusive nacional.
Esta analogía entre el psicoanalista y el estadista o pensador latinoamericano la hacemos con la idea señalar que la fragmentación de nuestra región política e histórica no es, al igual que las patologías individuales un estado natural, sino una patología producto de una historia, en nuestra región una historia de dominación y pillaje. Por lo tanto adentrarse en ese mundo borrascoso requiere una valentía que va más allá de la diplomacia y exige una voluntad clínica para descender a las profundidades de nuestras propias condiciones de dominación y luego entablar un dialogo con los contrarios.
Históricamente, cada nación ha sido inducida a mirar hacia los centros de poder global como el objeto del deseo, las metrópolis coloniales de ayer y el imperialismo moderno de hoy, antes que a su propio vecino. Esta mirada fragmenta la psique regional, creando una identidad disociada donde el "otro" latinoamericano es visto con desconfianza o como un competidor en el mercado global, en lugar de ser reconocido como parte de un mismo cuerpo histórico. Siempre los vemos como unos extraños. El proceso de unidad, por tanto, no puede ser una simple suma de tratados comerciales, sino que debe ser una labor de sanación a través del reconocimiento mutuo y cultural y social.
Y se reciben premios y castigos. Si se acentúan las diferencias y por lo tanto se incrementa la dependencia de Estados Unidos serán amplios los reconocimientos y gratificaciones. Pero que aun así estos serán estériles para su bienestar como nación y gobierno tal como lo demuestran las situaciones de países como Argentina o El Salvador, que son prosélitos y satélites del poder imperial pero que no se traduce en bienestar nacional visible. Los que insisten en la unidad, la colaboración y cooperación, son perseguidos y humillados aun por aquellos que reciben los beneficios de la relación.
No llegaremos a un punto final en la cooperación y la unidad, porque eso es como siempre el camino, camino que hace la diferencia en las posibilidades reales de crecimiento y ser nosotros mismos.
Al igual que el psicoanalista o el psicólogo no busca anular la personalidad del paciente, sino integrarla para que deje de ser autodestructiva, la búsqueda de la unidad regional no debe pretender una homogeneidad de naciones, pues nuestra verdadera característica es la multiplicidad. Y también el politico integracionista, nuevo profesional necesario, así como en la clínica el paciente muestra resistencia a la cura porque se ha acostumbrado a su mal, mal se tu mi bien, nuestras naciones se resisten a la unidad porque el "premio migaja" de la metrópolis les genera una falsa sensación de seguridad y placer.
El reto es lograr que esa fragmentación ceda y se transforme en una síntesis superior donde la soberanía individual de cada nación se potencie en acción colectiva y aprovechar para su beneficio los vastos avances que la tecnología actual proporciona y no ser arrollados por ella. Solo con el acercamiento será posible.
