La locura imperial: adueñarse del mundo o acabar con el planeta tierra
El reloj de la historia parece haber retrocedido a las épocas más oscuras del colonialismo decimonónico, pero con el agravante de un arsenal tecnológico capaz de reducir la biósfera a cenizas.
Hoy, la administración de Washington, prisionera de su propia decadencia económica y la pérdida de su hegemonía unipolar, ha decidido apostar por una huida hacia adelante. No es una estrategia política; es una patología del poder: la locura imperial de pretender adueñarse del mundo o, en su defecto, destruirlo.
El reciente ataque militar contra objetivos en la República Islámica de Irán no es un evento aislado. Representa la intención de fracturar el eje de resistencia en el Asia Occidental y controlar las rutas energéticas que alimentan a los rivales sistémicos del imperio.
Al agredir a Irán, Washington no solo viola la soberanía de una nación milenaria, sino que juega a la ruleta rusa con una conflagración nuclear. La arrogancia de creer que pueden "contener" una respuesta de tal magnitud es el síntoma más claro de una desconexión total con la realidad geopolítica actual.
En nuestra región, el ensañamiento contra Venezuela ha cruzado una línea roja sin precedentes. El plan de secuestro de la pareja presidencial —bajo el manto de operaciones de "extracción" o supuestas órdenes judiciales extraterritoriales— constituye un acto de piratería internacional.
La figura del secuestro de autoridades legítimas por fuerzas extranjeras no genera falta absoluta según nuestra Constitución. El artículo 233 es claro en sus supuestos (muerte, renuncia, destitución por el TSJ, incapacidad física o revocatoria). Lo que el imperio busca no es una transición legal, sino un vacío de poder criminal para instalar un protectorado de extrema derecha.
Ignoran deliberadamente que el pueblo venezolano tiene un calendario soberano: cualquier consulta sobre el mandato solo es posible mediante un referendo revocatorio a partir de enero de 2028.
Finalmente, la pretensión de "matar de hambre" a Cuba mediante el recrudecimiento del bloqueo y la inclusión en listas espurias de terrorismo es, en términos jurídicos, un crimen de lesa humanidad. El asedio económico total busca provocar un estallido social a través del sufrimiento humano. Es la aplicación práctica de la Doctrina Monroe en su versión más descarnada: si no te sometes, dejas de existir.
La humanidad se encuentra en una encrucijada existencial. El imperialismo estadounidense, al verse incapaz de competir en un mundo multipolar donde China, Rusia y el Sur Global proponen relaciones de beneficio mutuo, opta por el caos.
La Doctrina del Caos: Si no pueden controlar los recursos (el petróleo venezolano, el gas iraní, el litio boliviano), prefieren destruir las estructuras estatales que los protegen.
La Negación del Derecho: Han sustituido el Derecho Internacional por un "orden basado en reglas" que ellos mismos escriben, ejecutan y violan según su conveniencia.
La "locura imperial" es un sistema que no concibe la existencia de un planeta compartido. La defensa de la soberanía de Venezuela, la resistencia de Cuba y la integridad de Irán no son causas aisladas; son la misma lucha por la supervivencia de la especie humana.
El mundo ya no acepta patrones, y la soberanía nacional es el único muro capaz de detener este impulso destructivo que amenaza con acabar con la Tierra antes de aceptar su propio fin como imperio.
