¿Hay un nuevo realineamiento político en Venezuela?
La reciente radiografía presentada por Oscar Schémel, presidente de Hinterlaces, no es simplemente un dato estadístico; es la crónica de una mutación cultural. Que 6 de cada 10 venezolanos no se identifiquen con los bloques tradicionales (chavismo u oposición) sugiere que el modelo de polarización binaria, que sirvió como eje ordenador durante dos décadas, ha entrado en una fase de agotamiento estructural.
Venezuela ha pasado de una confrontación de identidades totales a una búsqueda de racionalidad instrumental. El ciudadano actual, sometido a las presiones de un asedio económico externo y a las contradicciones de una gestión interna en transformación, ha desarrollado una suerte de "pragmatismo de supervivencia".
Este "moverse hacia el centro" que menciona Schémel no debe malinterpretarse como una despolitización o una postura tibia. Es, en realidad, un acto de soberanía ciudadana. La población está rechazando los manuales de la Guerra Fría y las narrativas de "todo o nada" que, a menudo, han sido alimentadas desde laboratorios de guerra psicológica en el extranjero para fracturar la cohesión nacional.
Hay que observar este fenómeno con cautela, históricamente, el imperialismo estadounidense ha aprovechado los vacíos de representación para insertar "líderes de probeta". Sin embargo, la actual "mayoría silenciosa" venezolana parece ser inmune a las ofertas de intervención externa.
Si las fuerzas patrióticas no logran interpretar este nuevo sentimiento, se corre el riesgo de que el descontento sea capitalizado por sectores que no responden a los intereses de la soberanía nacional, sino a agendas trasnacionales. La política venezolana debe dejar de hablarle al espejo y empezar a hablarle al país que produce, emprende y exige eficiencia.
El realineamiento sugiere que el país está reclamando un Estado eficiente antes que un Estado puramente ideológico. Los puntos clave de esta nueva identidad mayoritaria son, por un lado, gestión sobre retórica: la legitimidad hoy se construye con soluciones reales a los servicios públicos y la estabilidad económica.
Por otra parte, la paz frente al conflicto: el rechazo a la violencia como herramienta política es hoy un consenso nacional y la identidad nacional: Un sentimiento de pertenencia que trasciende la lealtad partidista, enfocado en la recuperación del orgullo venezolano.
La gran pregunta que plantea Schémel sobre quién será capaz de interpretar a esta mayoría silenciosa es el núcleo del comportamiento político actual. El chavismo tiene el reto de reconectar con su base popular a través de la renovación y la eficacia, mientras que la oposición radical sigue prisionera de una lógica de confrontación que la mayoría ya dejó atrás.
En definitiva, Venezuela no está en un vacío político, sino en una transición de identidades. El nuevo realineamiento es un llamado a la construcción de una hegemonía que garantice la estabilidad nacional, blindando al país contra las pretensiones imperiales, pero con una gestión que dialogue permanentemente con la ciudadanía que quiere paz y justicia social.
