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¿Cooperación ante la amenaza imperial?

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06.03.2026

La reciente jornada de trabajo liderada por la vicepresidenta ejecutiva (y hoy encargada de la gestión de Estado), Delcy Rodríguez, junto a altos representantes de la transnacional Shell y el secretario del Interior de los Estados Unidos, Doug Burgum, marca un hito que exige un análisis riguroso desde la óptica de la soberanía nacional y la geopolítica antiimperialista. 

En un escenario global convulso, donde la energía es el epicentro de las disputas de poder, Venezuela vuelve a demostrar que su diplomacia de paz no es debilidad, sino una estrategia soberana de resistencia y desarrollo.

Durante años, el imperialismo estadounidense ha intentado asfixiar la economía venezolana mediante la imposición de Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU). Sin embargo, la presencia de Doug Burgum en suelo bolivariano es el reconocimiento tácito de una realidad ineludible: el mundo necesita el crudo y el gas venezolano, y las políticas de "aislamiento" han fracasado ante la resiliencia de nuestro pueblo.

La firma de acuerdos con Shell no debe leerse como una claudicación. Al contrario, representa el ejercicio de nuestra autodeterminación económica. Venezuela, poseedora de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta, dicta hoy las pautas de una relación que exige respeto mutuo. 

Como bien señaló la mandataria encargada, esta visita "abre nuevos caminos", pero son caminos que deben transitarse bajo la premisa de la ganancia compartida y la transferencia tecnológica, no bajo el viejo esquema extractivista neocolonial.

Siempre hemos sostenido que la soberanía no es aislamiento. La soberanía es la capacidad de decidir con quién, cómo y bajo qué condiciones comerciamos nuestros recursos estratégicos. Los acuerdos alcanzados en materia de energía y minería buscan:

Romper el cerco financiero: Al integrar a grandes actores del mercado energético global, se generan fisuras en el andamiaje de las sanciones.

Fortalecer la infraestructura nacional: La inversión extranjera, bajo control del Estado soberano, permite la reactivación de pozos y refinerías afectados por el sabotaje económico.

Estabilizar la balanza comercial: Diversificar los socios comerciales dentro del sector hidrocarburos garantiza un flujo de divisas necesario para la inversión social.

"La presencia de actores estadounidenses en Caracas no es un regalo; es el resultado de una resistencia victoriosa que obliga al imperio a sentarse a negociar en igualdad de condiciones".

No obstante, como analistas antiimperialistas, debemos mantener la guardia en alto. La historia nos enseña que las transnacionales y el Departamento de Estado suelen utilizar la "cooperación" como un caballo de Troya. El trabajo que ahora toca ejecutar a los equipos de ambos países debe estar blindado por nuestra Constitución y el Plan de la Patria.

La cooperación bilateral es bienvenida siempre que signifique el levantamiento progresivo de las agresiones económicas y el reconocimiento pleno de nuestras instituciones. El camino que se abre con Shell y la administración estadounidense debe ser una vía de doble sentido: seguridad energética para ellos, pero prosperidad y respeto absoluto a la soberanía para nosotros.

Venezuela sigue siendo el faro de una nueva geopolítica multipolar. Mientras el imperio se ve forzado a recalcular su estrategia ante la crisis energética global, nuestra nación se mantiene firme en su derecho a comerciar libremente con el mundo. 

La jornada de trabajo liderada por Delcy Rodríguez es un triunfo de la diplomacia bolivariana, que logra sentar a la mesa a quienes ayer pretendían destruirnos. Cooperación sí, pero con la dignidad intacta y la bandera de la soberanía siempre en lo más alto.


© Aporrea