Chávez humano
A los camaradas Presidente Nicolás Maduro y Primera Combatiente Cilia Flores, secuestrados por el gobierno estadounidense, por su valentía y dignidad en el empeño
de construir la Patria que nos legaron Bolívar y Chávez.
El legado de Chávez sigue vivo, vigente y pertinente…
¿Qué hacer? Y, aquí el reencuentro con Lenin no es casual. Queremos ser consecuentes con los camaradas a quienes dedicamos esta ponencia. Así como Lenin, en 1902 año en que publico su libro con este nombre, nosotros pensamos que una de las grandes reflexiones que debemos hacer los socialistas venezolanos, es cómo vamos a enfrentar el presente vivido y el presente por vivir. Cómo hacer para trascender todo reduccionismo y determinismo analítico. Cómo evaluar y redefinir la estrategia del PSUV como organización política conductora de la Revolución Bolivariana; pero, sobre todo, como hacerlo unidos.
Pues bien, déjenme decirles que yo soy optimista de que ello lo vamos a lograr. Los fundamentos teórico-políticos los tenemos. El pensamiento legado por nuestro Libertador Simón Bolívar, de su Maestro Simón Rodríguez, del General del pueblo soberano Ezequiel Zamora y de nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez son herramientas fundamentales para entender la Venezuela que tenemos y la que queremos construir.
De allí que el "Chavismo" sea una nueva forma de hacer política. La misma se expresa en el conjunto de reflexiones que han precedido el fraguado del proceso de transformación revolucionaria, que debe conducirnos a la edificación del nuevo Proyecto Nacional Socialista. El Chavismo es, asimismo, un ejercicio intelectual de alto contenido conceptual, a través del cual se desmonta toda una visión, toda una cultura, sustentada en la teoría de la "mano invisible" de Adam Smith, que colocó al mercado como el sujeto fundamental de la estructuración capitalista, que colocó la ética del mercado, como una ética absoluta. El Chavismo es un reto a partir del cual estamos edificando un nuevo modelo de sociedad que se estructura desde una lógica opuesta a la establecida por la hegemonía del imperio; una nueva forma de vivir, pensada desde Venezuela y para otra Venezuela; una forma de sociedad que trasciende la modernidad occidental, que supera la modernidad capitalista. El Chavismo es la formulación de un proyecto social para el presente, para lo cual es necesario crear una nueva fuerza social. El Chavismo es la construcción de una sociedad guiada por el principio de la solidaridad humana, antes que por el lucro individualista; sociedad en la cual, los grupos sociales al unirse y funcionar como pueblo, puedan modificar la estructura política de la sociedad. Es por ello que, el "Chavismo" imagina al Socialismo como un proceso de rupturas, no sólo con el sistema capitalista, sino con quienes se han creído dueños de un modelo único de esa formación social. El Chavismo, para decirlo con Gramsci, es un proyecto que trata de hacer coincidir a la "sociedad civil" con la "sociedad política", para la conformación de una nueva "alianza social" que se desplace al "terreno de lo ético y lo cultural"; ya que, lo que la hegemonía construye, "es una verdadera comunidad de valores", una "voluntad colectiva"; y es allí, precisamente, donde se construye el "bloque histórico" de una formación social determinada, en el marco de sus particulares relaciones sociales, económicas, culturales y políticas. El "Chavismo" es un nuevo Socialismo, es un nuevo proyecto sociopolítico, cuya posibilidad de hacerlo realidad está determinada por el hecho de entender que los movimientos sociales emergentes, la comuna, el consejo comunal, la ciudad comunal, el Estado comunal, son los pilares fundamentales del poder popular para la construcción de la democracia participativa y protagónica.
El "Chavismo" es una reflexión crítica profunda sobre los fundamentos de la democracia liberal, ya que entiende a la democracia como un "proyecto de identidad ética"; por lo que, construir una nueva democracia, que tenga como marco de referencia la relación entre la ética y la política, requiere conocer que es lo que queremos hacer y cómo hacer para que la democracia sea un proyecto de vida para un colectivo social. El "Chavismo" es, asimismo, una reflexión sobre la necesidad de vivir libremente, sin represiones; de decidir sobre el modo de existencia de nuestro país, lo cual constituye "el hecho social y cultural más significativo de nuestro tiempo, la aspiración y el derecho más legítimo a los ojos de nuestros contemporáneos". El "chavismo" es la conformación de un nuevo ethos cultural venezolano, el empoderamiento del venezolano como sujeto fundamental de la sociedad, el agigantamiento del sentimiento de solidaridad, de amor al prójimo, de respeto al otro, el acto humano humanizado al infinito. Razones estas que hicieron posible que el "Chavismo, como legado de Hugo Chávez, esté presente en los venezolanos. Así como en millones de habitantes de otras latitudes que han visto en él un faro de redención para alcanzar una vida feliz, con justicia social, profundamente solidaria, de seres iguales. Es por ello que, la batalla para la construcción del Socialismo Bolivariano no es cosa sencilla.
El Socialismo Bolivariano es una obra de arte
Consciente estamos que éste texto, desde su enunciado, es, en sí mismo, polémico. Y lo es porque, el Socialismo Bolivariano, lo vemos desde una nueva perspectiva, como un nuevo socialismo. Nosotros que, por tantos años tuvimos como modelo de socialismo el heredado de la III Internacional Comunista, al pensar en un socialismo distinto seremos acusados de herejes, revisionistas, claudicantes, y hasta de traidores por aquellos que siguen anclados al estalinismo como modelo único de socialismo. Sobre todo, si este nuevo socialismo reivindica los principios de la revolución francesa de 1789: libertad, igualdad y fraternidad, los cuales fueron execrados del "verdadero" vocabulario revolucionario; aunque, para ser benevolentes, digamos que les fueron concedidos, regalados, otorgados al pensamiento capitalista quien se apropió de ellos y, ha obtenido de su uso una enorme "plusvalía".
Simón Bolívar, nuestro Padre Libertador, cuyo pensamiento es el alma y fundamento de la Revolución Bolivariana hizo de estos principios los elementos teórico-conceptuales que guiaron su gesta libertadora de nuestra América. Y, nuestro Comandante Eterno, Hugo Chávez, los internalizó, y nos los "metió", con tanta pasión, profundidad y amor, que son la guía que inspira, motiva y da fuerza a la revolución venezolana iniciada en 1999.
Por lo que, la edificación y consolidación de la sociedad socialista debe hacerse a partir de nuevos elementos de análisis. De una mirada que le confiera a la presencia del ser humano en el universo una nueva dimensión. Que entienda que, como lo ha afirmado Humberto Maturana, biólogo-filósofo chileno, el trabajo no es la única actividad en el desarrollo humano. Sino que, junto a él, o con él, el ser humano ha tenido, y tiene, otras preocupaciones que inciden en su formación y conformación, como son las emociones las cuales le permiten conocer, pensar, actuar y relacionarse.
Entre ellas, el afecto, para el desarrollo del ser humano, como individuo y como ser social, es una emoción trascendental. Afecto y amor son complementarios, no pueden ser separados porque son la base a partir de la cual se estructura nuestra consciencia y nuestra forma de ser. De allí que, para hacer realidad la edificación y consolidación del Socialismo Bolivariano, debemos conocer qué somos como nación y cómo pueblo. Necesario es, en ese sentido, saber cómo se fraguó la formación social venezolana, saber que significa ser venezolano, conocer cómo y por qué se han producido los cambios que hemos vivido; pero, sobre todo, qué debemos hacer para lograr alcanzar la igualdad, la libertad, la felicidad del pueblo venezolano.
Para ello, es necesario introducirnos en la búsqueda del alma de lo que somos y queremos ser. Gabriel García Márquez, nos invitó a desentrañar las crónicas que, el navegante florentino Antonio Pigafetta, escribió a su paso por nuestra América meridional. Ya que: "La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios".
No olvidemos que cuando hablamos de sociedad hablamos del ser humano y su forma de vivir la vida, de relacionarse con sus semejantes y con el entorno físico-natural que le rodea; lo que debe conducirnos, inevitablemente, a revisar los postulados que dieron fundamentación teórica a la ciencia social de las sociedades de un tiempo ya vivido; así como, a imaginar la ciencia social de la sociedad por vivir. Y ésta, quizás sea una de las rutas más difíciles de transitar, por su variedad y complejidad, en el largo camino de construcción del Socialismo Bolivariano.
Manifiesto mi acuerdo, entonces, en que, más allá de las variables económicas, políticas, sociales, culturales y ambientales, las cuales han sido las que de manera tradicional usamos para los análisis de la sociedad, introduzcamos elementos que no deben ser reducidos a un sentido eminentemente psicológico, y que pueden ayudarnos en esta nueva forma de vernos e interpretarnos, como son las emociones, el afecto y el amor. Tengamos presente que somos seres vivos y que, como tales, cada uno de nosotros actúa en sociedad. Que la democracia es una creación humana. Que se nos hizo parte de la llamada cultura occidental; de la cultura Greco-Judeo-Cristiana. Cultura cuya historia ha estado signada por ser de carácter eminentemente patriarcal. Cultura cuyos pilares fundamentales están fundados en la guerra, en la profesionalización, en el poder, en la jerarquización, en el autoritarismo.
El afecto, la fraternidad y el amor no son para nosotros simples emociones espirituales. Ellas, son fundamentos epistemológicos que, a pesar de su antigüedad, nos permiten dar explicación al propósito de edificar, en este tiempo, sociedades en donde reine una verdadera libertad, igualdad y felicidad. Ellas, nos permiten darle una conceptualización humana al humanismo. Ellas, le confieren a la solidaridad, la cooperación, la reciprocidad, la responsabilidad, el carácter de un relacionamiento respetuoso, de reconocimiento de igualdad, del otro. Y es que el afecto, la fraternidad y el amor, como herencia de una conducta matríztica, forman parte de la conducta humana; determinan la forma de vida. Siempre han estado presentes en las maneras de actuar del ser humano. Sus mitos, sus creencias religiosas y espirituales, tienen su origen en ellas.
Pues bien, es hora de reflexiones profundas. De reflexionar sobre la necesidad de vivir libremente, sin represiones ni exclusiones. Por lo que, pensar de otro modo, debe conducirnos a elaborar un pensamiento social que conciba a la sociedad de manera integral.
El mundo de hoy es otro. La globalización y la mundialización de la economía y de las sociedades, no lograron someter a los pueblos del orbe. La fascinación que produjo el poder mundializado sobre los modos dominantes de pensarlo, han sido superados. Las potencias emergentes están estableciendo una manera distinta de relacionarse. La cooperación y el respeto, son el marco de la geopolítica de ese nuevo mundo. Razones –entre otras- por las cuales debemos seguir estimulando el fortalecimiento del movimiento altermundialista. Debemos seguir pensando en la des-mundialización capitalista y en la construcción de una vida vivible.
¿Sobre cuáles criterios se construirán las sociedades emergentes ante esta nueva realidad universal? Considero que debemos verla desde una perspectiva heterodoxa. Esto es, desde una visión radicalmente distinta y diferente a las concepciones que hasta ahora han "explicado" el mundo; porque, cuando analizamos las variables que determinan la crisis del capitalismo, concebido no solo como un modo de producción, sino, como un sistema histórico como lo llamó Inmanuel Wallerstein, uno se convence de que, pensar la vida de los pueblos, la sociedad, desde una perspectiva distinta y diferente, es una tarea impostergable y necesaria. Sobre todo, para quienes no hemos perdido la esperanza de reencontrarnos con la utopía de que construir otro mundo es posible. La crisis del capitalismo neoliberal debe llevarnos a imaginar la edificación de un nuevo sistema socio económico, distinto y diferente a los modelos de desarrollo, acumulación y reproducción de capital conocidos hasta ahora, en donde impere la justicia social y el respeto del medio ambiente.
De eso se trata, de pensar de otra manera; impulsar un nuevo estilo de reflexionar y de discutir, de imaginar lo nuevo para construir una nueva teoría social. Necesitamos hacernos de un pensar que nos lleve a formularnos muchas alternativas. Tenemos que "cultivar la virtud de reflexionar en la deliberación". Necesitamos construir un pensamiento social a partir, incluso, de un nuevo vocabulario, el significado y el significante de cada palabra juega un rol fundamental en la comunicación social; por lo qué, debemos saber quién lo dice, dónde lo dice, cómo lo dice y para qué lo dice, cuál es la intención de las mismas.
Pensar de otro modo, significa, avanzar en una reflexión que nos conduzca a redefinir los marcos teórico-conceptuales que han acompañado los cambios y transformaciones que ha vivido la humanidad. Pensar de otro modo, debe, tener como norte, derrotar la colonización del saber. Debe entender que lo político y lo existencial no son distintos; que -entre ellos- no existen fronteras que les separen. Y es que, cuando un pensador piensa de cara a la realidad en que vive, elabora un pensamiento original. El esfuerzo de pensar se hace de manera rigurosa. Los problemas de la sociedad son analizados de manera integral. Se propone dar respuesta a la interrogante de Martín Heidegger acerca de: ¿Qué significa pensar? Pensar de otro modo, al decir de Pablo González Casanova, es el estudio de ese nosotros, incluyente y variable; de ese nosotros, que como nos lo dice Lipovetsky, es superior al narcisismo colectivo.
Pensarnos significa avanzar en un profundo proceso de revisión de la concepción que se ha tenido de la relación del hombre con su espacio físico; en tal sentido, se hace necesario formular una nueva propuesta de reordenamiento del territorio; entender que, el desarrollo integral debe estar al servicio del ser humano y no de éste; ya que, el territorio, si lo desligamos del ser humano, como sujeto de la sociedad, se convierte en un ente abstracto. Supone imaginar un proceso de planificación estratégica que supere el carácter técnico-normativo con que se le ha concebido hasta ahora; una nueva visión del desarrollo, pensada desde una nueva perspectiva, debe conducirnos a colocar lo social como su objetivo central; ya que, el desarrollo no es otra cosa que la suprema felicidad del pueblo, su igualdad, su libertad, su Buen Vivir; condición que es posible alcanzar, si logra entenderse que la estructuración y fraguado de una nueva formación social es un proceso sociohistórico; por lo que, la formulación de políticas que permitan otorgarle al pueblo dichas condiciones, estarán determinadas porque sean precedidas de una visión que tenga presente la "larga duración" de las mismas.
Pensar lo que somos y lo que queremos ser debe conducirnos, asimismo, a la construcción de una democracia verdaderamente democrática, participativa y protagónica, plural; ya que, la construcción de la democracia socialista conforma una cultura que da explicación de nuestra acción en tanto seres humanos que viven en sociedad; y, se constituye en el motor del proceso de desarrollo integral de la formación social. La democracia socialista trasciende la elección de los funcionarios del poder ejecutivo y legislativo. La democracia socialista es la relación de convivencia que el pueblo, como actor principal, insustituible, establece en una comunidad. Modelo de organización de la sociedad que estamos construyendo a partir de la Comuna como célula, como núcleo, fundamental de la misma..
Pues bien, es esa búsqueda de querer saber lo que somos y lo que queremos ser como pueblo, como sociedad, lo que nos define como seres humanos. Recordemos que la democracia, según Platón, surgió en el Agora, en el mercado, que era el sitio donde se sentaban los ciudadanos a conversar de los temas de la comunidad. Conversaban como iguales porque todos eran de una misma clase; y, es de estas conversaciones de donde surge la cosa pública. Los temas de la comunidad se hacen públicos cuando el pueblo conversa sobre ellos. La cosa pública es, entonces, los asuntos que están presentes, que conforman el entorno que le permite a cualquier ciudadano, al pueblo, reflexionar sobre ellos y sobre él; para poder así actuar y construirse.
De ese conversar surge la intimidad y de ésta el amor. Intimidad que es refugio de las emociones y, estas, son modos conductuales. La conducta que hace posible la convivencia de la emoción y la intimidad es el amor; por tanto, el amor es una clase de conducta. En el amor se resume la felicidad, la libertad, la igualdad, la fraternidad y el afecto. En el amor surge el otro. El amor nos hace seres sociales. El amor nos humaniza. El amor es, de tal manera, la mayor de las emociones. Pero, para que haya amor, la convivencia entre el otro y yo tiene que estar precedida por el mutuo respeto; y, éste se establece a partir de la colaboración no en la competencia.
Aquí nos viene el recuerdo de Vere Gordon Childe, quien en su magistral obra: Los orígenes de la civilización, nos invita a reflexionar sobre las antinomias existentes entre la sociedad patriarcal y la matríztica. Diferencias que nos permiten decir que la posibilidad de establecer un diálogo, una conversación, un lenguajeo entre iguales, es posible en una cultura matríztica; porque sus miembros desde la infancia se han formado en la colaboración, en la igualdad, en la participación. Ya que, el haber vivido la emoción de la igualdad matríztica, hace posible revivir el sentido y fundamento que, como principios humanistas, tienen la igualdad, la libertad, la felicidad, la fraternidad, el afecto y el amor. Y, en nuestro parecer, estos son elementos fundamentales para la construcción de la democracia socialista. Ésta es, en sí misma, contraria a la sociedad patriarcal, ya que el carácter restrictivo que tiene impide la expansión de la ciudadanía; impide que el pueblo participe y sea protagonista en ella; le quita el rol de sujeto de la sociedad.
Pues bien, Si queremos construir una convivencia democrática, tenemos que asumir que la democracia se funda, como hemos dicho, en el respeto por el otro y que el respeto se aprende en la relación materno-infantil. Quizás por ello estamos interesados en la democracia socialista; nos preocupen la violencia, el abuso, la explotación, el supremacismo, la dominación, todo lo que sea contrario al modo de relacionarnos en una convivencia democrática.
Podemos decir que los seres humanos somos animales dependientes del amor; entre otras razones, porque el amor nos ayuda a entender al otro como igual. Es fundamental en las relaciones que establecemos con los demás seres humanos y con la naturaleza, lo cual constituye el hecho social. No olvidemos que las relaciones sociales se dan bajo la emoción del amor, lo cual le da legitimidad a nuestra convivencia con otros. Nosotros somos animales en tanto pertenecemos a la historia que nos da origen.
En dos libros nuestros: El Ocaso del Minotauro: O la declinación de la hegemonía populista en Venezuela (2000); y, Venezuela: la utopía reencontrada (2015), hacemos referencia a la necesidad de edificar una nueva formación social a partir de lo que somos y lo que queremos ser teniendo presente una nueva simbología, nuevos referentes teóricos, que le confieran al proceso de transformación revolucionario venezolano identidad propia.
Decirlo es fácil, hacerlo es complejo. Tal vez, ello se debe a que -para forjarlo- hay que romper con una gramática y una forma de pensar raizalmente anclada en valores del pasado, a los cuales –ciertos sectores- han sido y son muy refractarios. Se trata, de imaginar una nueva forma de pensar la sociedad; en la que, los principios de justicia social, equidad, igualdad, libertad, fraternidad y felicidad sean garantizados como derechos humanos. Hacer de la democracia una forma de vida y no solo un sistema político; en donde, las demandas de seguridad y protección del pueblo estén garantizadas, en donde los afectos no sean considerados solo como sentimientos personales, sino que, los tengamos como referentes a partir de los cuales podemos construir una nueva identidad política.
Imaginamos, entonces, el fraguado de una sociedad en donde el pueblo, convertido en ciudadano, no sea solo el habitante de un país. Sino el sujeto de la construcción de la Democracia Socialista. Porque, aunque parezca una paradoja, "las grandes revoluciones se hacen donde los manuales las habían declarado imposibles, y los sujetos que las protagonizan son siempre bloques heterogéneos y diversos articulados en torno a una suma de ideas e identificaciones con importante carga nacional o local"; por tanto, "lo planteado es reformular el proyecto socialista en términos de una radicalización de la democracia", como lo ha afirmado Iñigo Errejón.
Necesario es, asimismo, entender que la política trasciende lo individual. Que su ejercicio, es profundamente colectivo. Que la construcción del sujeto pueblo, es inseparable del bien común, categoría esta que no puede ser construida solo a partir de las "verdades" de los manuales; entender que, el sentido común, constituye una fuente en la realización del acto político. Y, como dice Raffaele La Capria, "el recurso al sentido común puede y debe servir como antídoto contra el abuso de los conceptos". Y es que, el sentido común, trasciende los conceptos a partir de ellos mismos; porque, el sentido común, no es un concepto, sino un sentimiento, un afecto, socializado. El sentido común nos es útil para "articular lo diferente y fraguar una voluntad colectiva". Es, precisamente, de la comprensión de éste relacionamiento de donde pueda inferirse el realismo de la acción política.
Y es que, el afecto, constituye, para el "poder del pueblo" y la "soberanía popular", una manifestación de identidad. Lo define como un principio fundamental en las acciones humanas. Por tanto, el pueblo debe ser entendido más allá de una visión esencialista que lo concibe solo como un referente sociológico, o como un dato empírico; en ese sentido, sugerimos concebirlo como una categoría socio-política.
Vista la cosa desde esta perspectiva, podemos afirmar que El Pueblo, como sujeto social, trasciende el concepto de ciudadanía. El Estado Comunal es, en ese sentido, un modelo de organización de la sociedad vivo y activo. En él se establece un relacionamiento entre el líder y pueblo no autoritario. Porque, la institucionalización del poder no se establece a partir de una sustitución del pueblo, del poder popular, sino de una relación de representación. Y es que, en un sistema democrático representación y participación no son contrarios, sino complementarios. La participación no niega la representación; ya que, a partir de ella, se establecen las funciones, alcances y limitaciones, que definen la identidad de los sujetos políticos.
Es por ello que, el fraguado de un imaginario político de nuevo tipo, que tenga como objetivo la construcción de una voluntad política colectiva, es necesario. Y es que, en éste tiempo, en que avanzamos hacia la edificación de un nuevo orden mundial, de un mundo multipolar; en que se avanza hacia la edificación de una nueva civilización que trascienda los marcos de los sistemas sociales que han existido, el acto político ha adquirido un sentido distinto. Pero, la construcción de esa voluntad colectiva solo es posible de fraguar si logramos definir quiénes son sus adversarios, al que no hay que despreciar ni minimizar.
Pues bien, es en este orden de ideas que le conferimos al sentido común y al realismo político una nueva dimensión. La que asumimos a partir de lo que Gramsci definía como una profunda "reforma intelectual y moral"; sustentada, en nuestro parecer, en los más caros principios éticos del humanismo.
Y, como dijimos al comienzo de esta reflexión, si no existe la emoción no existe la acción. Las cosas que nos proponemos hacer, los objetivos que esperamos alcanzar, tienen en la emoción una conducta que las hace más gratas. La emoción nos estimula en la tarea de conocernos, de saber qué somos, qué tenemos; y, ello es un prerrequisito insustituible en el propósito de dirigir la sociedad. De tal manera que, para convivir en una democracia socialista hay que estar convencido de que la posibilidad de construir una sociedad sin injusticias sociales, profundamente humanista, es posible solamente si uno lo hace con emoción, con ganas. Tengamos presente que, los hechos históricos adquieren tal carácter porque el curso de la historia es el curso de las emociones, de los deseos que los seres humanos tenemos en tanto que seres sociales.
Pues bien, la edificación y consolidación del Socialismo Bolivariano, que el legado del Comandante Eterno Hugo Chávez, demanda, de quienes estamos empeñados en hacerlo realidad, no solo una nueva definición del mismo; entenderlo como la alternativa al capitalismo, como una nueva forma de vida, una nueva cultura, una nueva civilización; demanda, asimismo, una nueva conducta, una nueva manera de relacionarnos con el pueblo, un nuevo modo de ser socialista; demanda entender que la construcción del Socialismo Bolivariano, no será posible sino rompemos con las añejas prácticas reformistas, con el dogmatismo, el esquematismo, el frentismo, que caracterizó al movimiento revolucionario venezolano en el pasado. Triste es el recuerdo de aquella infausta estrategia que concebía la revolución venezolana como un proceso que debía transitar por varias etapas; por lo que, con el derrocamiento de la dictadura perezjimenista se iniciaba la "revolución democrático burguesa" y, luego, después de creadas las "condiciones objetivas" se iniciaría la verdadera revolución. Los resultados no pudieron haber sido más catastróficos.
Permítaseme la afirmación pero, quienes estamos empeñados en la construcción del Socialismo Bolivariano, no somos una secta. Por lo que, para la construcción del mismo hay que juntar las más diversas voluntades en torno de un mismo proyecto, la edificación de una sociedad en donde reine la justicia social, la igualdad, la libertad; en donde tú y yo somos el pueblo.
Veintiún años han trascurrido desde aquel 30 de enero de 2005 cuando el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías, hizo el anunció de edificar en nuestro país El Socialismo del siglo XXI. Es por ello que, reflexionar en torno al tiempo por venir, a ese presente por vivir, a eso que tradicionalmente se ha llama futuro, pudiéramos hacerlo a partir de las siguientes preocupaciones: Estamos obligados a darle carácter terrenal a nuestros postulados teóricos. Debemos entender que la construcción del Socialismo Bolivariano no puede supeditarse al resultado de la discusión sobre la revolución francesa, rusa, china o cubana. O, a la interminable discusión sobre el carácter marxista, leninista, troskista, maoísta, gramsciano o guevarista del mismo. Es verdad que, todos estos hechos históricos y postulados teóricos forman parte de nuestras reflexiones; pero, en sí mismos, no definen la realidad que vivimos los venezolanos. Y, no la definen porque son postulados de teoría social que fueron formulados para otras épocas y otras realidades económicas, sociales, políticas y culturales.
Se trata, asimismo, de seguir profundizando nuestra participación en la consolidación de un mundo multipolar. La reaparición de sectores de la ultraderecha -en diversas latitudes del universo- no puede verse como hechos coyunturales, ocasionales, aislados. No, tenemos que estar claros que ello forma parte de la estrategia trazada por el gran capital financiero y de la tecnocracia mediática, para recuperar su poder hegemónico a nivel planetario. Ellos saben que la globalización y las políticas de ajuste neoliberal no les permitieron alcanzar ese objetivo.
Se trata, pues, de avanzar en la apropiación de un conocimiento pleno de la realidad venezolana. Se trata de entender que, no podemos actuar sobre esa realidad sino sabemos de qué está hecha, como se hizo y por qué se hizo de tal manera y no de otra. Solo así, podremos comprender el comportamiento político de nuestros compatriotas. Solo así, podremos trazar la nueva estrategia política que la Revolución Bolivariana y la edificación de la Venezuela Socialista están demandando. Solo así, podremos derrotar a los sectores fascistas en su propósito de entregar nuestra soberanía y las riquezas de nuestra patria al capitalismo financiero y de la tecnocracia mediática. En este último objetivo, debemos incorporar a todos aquellos venezolanos que no quieren que seamos, nuevamente, colonia de ninguna potencia extranjera. Por lo que, la conformación de un nuevo bloque histórico y de una conciencia antifascista son tareas de hoy para hoy. Se trata, pues, de avanzar en la apropiación de un conocimiento pleno de la realidad venezolana. Se trata de entender que, no podemos actuar sobre esa realidad sino sabemos de qué está hecha, como se hizo y por qué se hizo de tal manera y no de otra. Solo así, podremos comprender el comportamiento político de nuestros compatriotas. Solo así, podremos trazas la nueva estrategia política que la Revolución Bolivariana. Solo así, podremos derrotar a los sectores fascistas en su propósito de entregar nuestra soberanía y las riquezas de nuestra patria al capitalismo financiero y de la tecnocracia mediática.
Es por ello que, lo ocurrido el 3 de enero pasado, no fue cualquier cosa. Estas notas no las escribí desde una postura fatalista, mucho menos apocalíptica. Desde que tuve por vez primera la oportunidad de leer a Vladimir Ilich Uliánov -Lenin-, y eso ocurrió hace sesenta años, aprendí que no había que temer a las adversidades. Dos de sus obras se metieron con mucha profundidad en mi memoria: Un paso adelante dos pasos atrás y La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo.
De Un paso adelante, dos pasos atrás, extraje como enseñanza que la transformación de una formación social es una lucha larga, tenaz y apasionada. Que en ella habrán de surgir problemas tanto internos como externos; los cuales, como es de esperar, determinarán los avances y retrocesos de dicho proceso. Hechos que, como lo sugiere Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo, por su origen y fuerza hay que tener en cuenta.
De la lectura de La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, me sigue acompañando su afirmación de que: "Aceptar el combate a sabiendas de que ofrece ventaja al enemigo y no a nosotros, es un crimen, y no sirven para nada los políticos de la clase revolucionaria que no saben «maniobrar», que no saben proceder «por acuerdos y compromisos» con el fin de evitar un combate que es desfavorable de antemano".
Obras que tienen -en mi parecer- una gran pertinencia para pensar como salimos de la difícil y complicada situación que nos ha dejado la criminal invasión imperialista del 3 de enero pasado. Secuestraron a Nicolás Maduro, Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, y con él se llevaron a la Primera Dama (Primera Combatiente) Diputada Cilia Flores, lo cual constituye un hecho inédito en la política mundial. Nos dejaron sin el líder que venía enrumbando la Revolución Bolivariana por los esperanzadores postulados teóricos y programáticos, legados por nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez. Pero, la Revolución Bolivariana ha demostrado, una vez más, ser un proyecto colectivo y, la Camarada Delcy Rodríguez ha asumido, con la mayor entereza y dignidad, la conducción del proceso en tan difícil coyuntura. Tengamos presente que, el Socialismo Bolivariano es una obra de arte porque es una convivencia, un modo de vida, fundado en la fraternidad, el afecto y el amor. Fundado, en lo más profundo del sentimiento humanista que heredamos de nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez.
*Texto leído en el conversatorio organizado por el colectivo "Pregoneros de Chávez" realizado en Mérida el 02-03-2026.
