Los Guardianes del prestigio
La aparición —o reaparición— de una fotografía donde coinciden Noam Chomsky y Jeffrey Epstein no es un hecho trivial ni un simple episodio de farándula intelectual. Es, más bien, un espejo incómodo en el que la comunidad académica y cultural de los Estados Unidos se ve obligada a mirarse. No para dictar sentencias penales —que no corresponden a una imagen—, sino para interrogar los mecanismos con los que se construye, protege y administra el prestigio.
El prestigio intelectual no surge en el vacío. Se edifica a partir de obras, ideas, debates, y también de redes: universidades, fundaciones, donantes, círculos de influencia. Cuando una figura del peso simbólico de Chomsky aparece vinculada, aunque sea circunstancialmente, a un depredador sexual condenado, la pregunta central no es si hubo delito —no hay prueba de ello—, sino qué falló en los sistemas de vigilancia ética que rodean a las élites del saber.
Las causas: poder, acceso y normalización
La primera causa es estructural: el acceso desigual al poder social. Epstein no fue un marginal; fue un intermediario con capital, contactos y capacidad para abrir puertas. Durante años, frecuentó universidades, financió proyectos y cultivó relaciones con académicos de alto perfil. La foto es un síntoma de ese fenómeno: el dinero y la promesa de influencia........





















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