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El Solsticio del Poder: Crónica de una hegemonía en descomposición

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21.06.2026

Hoy, 21 de junio de 2026, el solsticio de verano marca el punto más álgido de la luz en el hemisferio norte, un instante de aparente plenitud que, paradójicamente, anuncia el inicio del declive hacia la oscuridad. En los trópicos venezolanos, sin embargo, no hay solsticio que traiga luz a la amalgama de despropósitos que se ha convertido la gestión de la cosa pública. Es un mediodía perpetuo de tinieblas, donde el sol de la soberanía se ha ocultado tras el denso nubarrón de una intervención extranjera consentida, mientras un pueblo, mudo y expectante, observa cómo se desmoronan los cimientos de su nación. Este artículo se propone diseccionar, con el escalpelo del análisis crítico y el lente del observador lúdico pero implacable, la compleja y trágica realidad que define al hoy venezolano: un tablero donde las piezas del oficialismo y la oposición han sido barridas por la mano de hierro de una administración foránea, y donde la paciencia popular, como la cuerda de un reloj, se tensa hasta el punto de la fractura.

La imagen que proyecta el gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, es la de un barco a la deriva que pretende aparentar rumbo, pero cuyas velas son infladas por el viento de las directrices de Washington. La metáfora náutica es pertinente, pues el país ha sido capturado en una red de intereses geopolíticos que trascienden cualquier discurso patriotero. La afirmación del dirigente chavista Elías Jaua, al reconocer que el gobierno debe trabajar "bajo las directrices de la potencia ocupante", no es una confesión menor; es la constatación de una capitulación que desnuda el doble discurso de la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Mientras Diosdado Cabello convoca a una "Gran Peregrinación Nacional contra las sanciones y por la paz", proclamando que "el país no va a entrar en crisis", la realidad esquelética de los números y los hechos lo desmiente. Se trata de un ejercicio de teatrocracia, donde el guión antiimperialista se ensaya para las masas, mientras en los camerinos se negocia la entrega de los recursos y la soberanía a cambio de la supervivencia personal y la impunidad de una élite que ya no gobierna, sino que administra la miseria bajo tutela. No es revolución, es un modo de "sobrevivencia" política, una ficción que busca ganar tiempo mientras el tiempo mismo se agota.

Esta dicotomía entre el discurso y la práctica ha sido la piedra angular del proyecto chavista, pero en este solsticio........

© Aporrea