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No tenemos más opción que ignorar al ignorante, así tiemble

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17.08.2026

Las rivalidades son una de las características que diferencian a los humanos de los animales, aunque muchos científicos afirman que también existen rivalidades en el reino animal. Lo irrefutable es que las posibles disputas entre animales —por ejemplo, entre perros por los favores de una hembra— responden a una razón absolutamente biológica: están de por medio la supervivencia de la especie y la química, ya que el amor (en su estado más primitivo) son aromas.

Ahora bien, si entre humanos se rivaliza por la supremacía para soportar los embates de un terremoto, asociando la nacionalidad con la resistencia o la calidad de las edificaciones, entramos en el territorio de la estupidez.

Vivimos los tiempos de la fábula de los tres cerditos —en donde uno construyó su casa de paja, el otro de madera y el tercero de ladrillos para que los soplidos del lobo no lo dejasen expuesto a sus fauces— indica que no nos estamos comunicando. Es más, lo más inmediato es concluir que la cizaña sembrada y abonada para dividirnos como hermanos latinoamericanos funcionó; no solo para cambiar regímenes y gobiernos, sino para someternos sociopáticamente.

Hoy cualquiera, literalmente cualquiera, tiene por tribuna al mundo desde su teléfono móvil. Emite opiniones, afirma sus observaciones como válidas, miente y dice lo que le da la gana. Entre esas fechorías........

© Aporrea