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El veneno de la semana: Cuando la columna es una confesión de impotencia...

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20.02.2026

«El que no tiene gestión, tiene columna. El que no puede mostrar obras, muestra dudas. Pero cuidado: las dudas sembradas con mala intención, tarde o temprano, germinan en el expediente del sembrador.» ANACLETO

El Bohemio estaba más silencioso que de costumbre. Sobre la mesa del rincón, Anacleto tenía desplegado un impreso de esos que circulan por Telegram con la velocidad de un rumor y la permanencia de un estornudo. No era un periódico, no era un boletín oficial. Era una columna titulada Verdades y Rumores, firmada por un columnista, que se presenta como "reconocido periodista opositor". El pichón de periodista, que la había recibido por tres grupos distintos antes del desayuno, no podía ocultar su curiosidad. «Anacleto, esto es fuerte. Dicen que Di Martino está siendo investigado, que hay divisiones con Caldera, que tienen vigilado al alcalde, que van a sacar gente esposada de la Alcaldía... ¿será cierto?» Como es su costumbre, Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las noticias, como la leña, arden mejor cuando se dejan secar un rato. Exhaló el humo hacia el techo y, cuando todos esperaban una respuesta encendida, soltó una carcajada breve, seca, sin alegría. «Camarita, lo primero que aprende un periodista de verdad es a distinguir entre la información y el boletín de guerra. Esto que usted tiene ahí no es información: es un parte de batalla escrito por alguien que confunde la redacción con el lanzamiento de piedras. Fíjese bien en la estructura: acusaciones sin fechas, fuentes que no existen, promesas de revelaciones la próxima semana... Es el manual del golpista digital: siembre la duda, no entregue pruebas, y prometa que la semana que viene contará más, para que el lector vuelva.» La profesora, que había tomado el impreso y lo leía con atención de entomóloga, levantó una ceja. «Es interesante el mecanismo retórico. Habla de 'cambios fríos' que no ocurrieron, pero no dice por qué no ocurrieron; insinúa que el PSUV objetó a varios designados, pero no da un solo nombre; menciona una 'pandilla de pillos', pero no identifica a ninguno. Es como disparar al aire y esperar que alguien grite.» «Exacto, mi apreciada profesora. Y ese grito, cuando ocurre, ellos lo presentan como prueba.» Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro. «Analicemos esto con método. Dice que el gran veedor de Di Martino era Maduro. Grave afirmación. ¿Dónde está la prueba de que Maduro, desde Miraflores o desde el comando de campaña, se ocupaba personalmente de las candidaturas municipales en Maracaibo? ¿Dónde está el documento, declaración, o testimonio verificable? No existe. Es una especulación presentada como hecho. Y lo grave: cuando se escribe 'una vez que Nicolás sale del juego per saecula saeculorum', refiriéndose al secuestro del presidente, se está usando el dolor de un pueblo para darle peso a un chisme de pasillo.» El viejo periodista, que había estado en silencio, soltó su opinión con la autoridad de quien ha visto demasiadas columnas de este tipo: «Lo de las 'relaciones rotas' entre Caldera y Di Martino es el clásico........

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