A Trump le gusta jugar al duro...¡Pero Cuba está acostumbrada!
Siete décadas de agresiones imperialistas... derrotadas…
El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores, la debilidad mostrada por Europa en el caso de Groenlandia, el lenguaje de guapo del barrio usado en el reciente Foro de Davos, y la publicación de la nueva estrategia de defensa por el Departamento de Guerra dirigida a dominar el hemisferio occidental y parte del indopacífico, son expresiones concretas de la voluntad de Donald Trump de hacerle frente a un cambio de época desde posiciones de fuerza.
En tal sentido, Cuba está en la línea de fuego de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y del Pentágono, y está obligada a prepararse ante cualquier eventualidad y nadie puede sorprenderse.
Está comprobado que la emulación pacífica con China, Rusia, la supuestamente aliada Europa incluida la OTAN, no le interesa a Trump porque el comercio, las finanzas, el dólar, las ciencias y la tecnología, e incluso la cultura, ya no les son confiables para imponerse por sí mismo en un mundo demasiado competitivo en esos aspectos en los que Estados Unidos ya no es líder absoluto. Simplemente tiene miedo de que una confrontación civilizada en esos campos muestre la debilidad del imperio.
Su principal opción, no hay dudas, es la de combinar el gran poder económico, comercial y financiero innegable, con el militar, el cual sigue liderando más por cantidad y despliegue territorial de bases militares en el planeta, que por calidad y modernidad del armamento nuclear y convencional, pues el desarrollo actual de armas de destrucción masiva no da margen a comparaciones como las de la época de la guerra fría cuando era casi un dogma asegurar que ganaba quien más misiles tuviera instalados cerca del enemigo, o quien apretara primero el botón. Hace rato que ya no es así.
Esa opción belicosa es la que Trump ha estado aplicando en este primer año de su segundo mandato en la cual ha primado la política del miedo, aunque sin provocar militarmente mucho a China y a Rusia, con cuyos gobiernos el discurso es muy diferente al que habla con el resto del mundo, incluido sus aliados, y las negociaciones con esas dos potencias no son desde posiciones de fuerza, sino de conveniencia pragmática.
En este contexto tan complicado es que Trump renueva sus amenazas........
