Invasión y Resistencia
Somos víctimas de una agresión alevosa, sanguinaria y no provocada. Sin previa declaratoria de hostilidades, con armamento tecnológicamente superior, masacraron a centenares de compatriotas en su mayoría no combatientes. Mientras no se firme un Tratado de Paz digno, estamos en guerra: ejército y autoridades de Estados Unidos son enemigos, y como tales deben ser tratados.
Analicemos el estado del conflicto. Tras un cuarto de siglo de agresiones y sabotajes, la única ventaja obtenida por el adversario es el secuestro bajo falsos pretextos del Presidente Nicolás Maduro y de su esposa y diputada Cilia Flores.
Estados Unidos no domina un centímetro cuadrado del territorio nacional. Ni un soldado estadounidense ocupa nuestro suelo. No han instalado bases militares ni naves, aeronaves o equipos militares en nuestro país. El único poder que maneja es el mismo que antes de su atentado: la amenaza.
Consideremos si esta amenaza basta para lograr los objetivos declarados repetidas veces por el mandatario estadounidense. "Yo gobernaré Venezuela (…) Yo manejaré su petróleo, reservando una parte para nosotros y otra para ellos, hasta que realicen un transición sensata y juiciosa".
Examinemos la verdadera motivación del conflicto: los hidrocarburos de los cuales Venezuela posee las reservas más grandes del mundo. En texto anterior señalé que la reunión del 9 de enero en la Casa Blanca con ejecutivos de 17 petroleras estadounidenses puso en evidencia su imposibilidad. Ninguna de las compañías formuló ni una sola oferta para participar en la rebatiña, por dos motivos: no había seguridad jurídica para las inversiones, y el objeto de éstas, los principales yacimientos, había sido contratados en un 45% por Venezuela con la petrolera Roszarubeznefth, filial de la estatal rusa Rosnef, en contratos que el propio Trump reconoció como "legítimos, y........
