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La última carta de Maduro

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22.03.2026

El recluso en los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU) y prisionero de Donald Trump, Nicolás Maduro Moros, aún tiene una última carta qué jugarse en el proceso judicial que le siguen en Nueva York, como maniobra de doble táctica que le aplicaron sus cómplices y sus captores: la de venderlo a cambio de garantizar la impunidad de ellos, seguir usurpando el poder que a la fuerza se habían arrogado el pasado 28/07/2024 y garantizar las fortunas robadas en paraísos en donde han abonado las mismas, en países de Europa, Asia, África, Oceanía y en los EEUU, mientras la del captor ha consistido en apoderarse de todos los recursos energéticos, minerales y de cuanta riqueza haya en Venezuela, desde ahora, hasta el infinito, como país convertido en nueva colonia o Protectorado, por decirlo de manera amable, pues están avanzando en la conversión de Venezuela en la despensa energética y mineral, además de patio trasero o enclave para controlar al resto de la América del Sur.

Es cierto que, Nicolás Maduro Moros no se precia de ser una buena persona, además de regodearse en su marginalidad aprendida en la que creció y ha vivido, pese a tanto boato por lo robado a los venezolanos y, que este abyecto personaje es sumamente inculto, jactándose de su ignorancia aprendida, lo que lo llevó a ser presa fácil de la ambición, del autoengaño y de las mentiras con adulación, derivando en su perdición: en la primera línea, la íntima de alcoba, ayudado por la mujer con la que hizo vida marital hasta el presente, muy curtida ella y su prole en las lides del submundo del microtráfico de drogas, hasta llegar al narcotráfico a la altura de los cárteles, al contrabando de todo cuanto genere riqueza fácil y al despojo de todo cuanto hubiere a su capricho, durante muchos años, a la sombra del Comandante Hugo Chávez y, luego, bajo su propio mando; en segunda línea, la de los supuestos amigos íntimos y círculo de confianza, en la que fue tutelado en el crimen y fechorías por el par de retorcidos hermanos, Delcy y Jorge Rodríguez, sin menoscabo de personas con taras existenciales y de identidad de género, los unos, mientras los otros eran sus cómplices hasta nuevo aviso, por el resentimiento que llevaban consigo, al no ser escogidos en la "opinión firme y clara como la luna llena" esa noche en la que el Comandante Chávez nos pidió a los venezolanos botar al basurero de la historia todo lo alcanzado, para votar por un inepto, incapaz, criminal y corrupto, como lo ha sido siempre, Nicolás Maduro Moros, con su traje de oveja para ese momento.

Siendo que Nicolás Maduro Moros no ha sido y no es un hombre bueno, un hombre de bien, puede jugarse esta última carta, si la inteligencia emocional se lo dicta y más por su propio bien que por el de los venezolanos, pero que, a fin de cuentas, nos abriría nuevos horizontes y perspectivas a todos.

Es simple. Se trata de que en el juicio que cursa contra Nicolás Maduro Moros, amañado o no, con un fiscal y un juez apurados en aplicarle la mayor pena posible y comprometidos con Donald Trump, con abogado pagado con lo robado y guardado en físico en varios países y con testaferros a su disposición, como también, con un abogado de oficio, si le tocara, el procesado judicial, cuyo valor personal no significa nada ante los grandes centros del poder y sus antiguos socios, puede -efectívamente- vengarse de la traición de los conjurados que lideran los hermanos Rodríguez, pudiera salvarle la vida al hijo que carece también de lo del padre, como también, pudiera librarse de la jugada de Donald Trump, antes de que lo suiciden en la cárcel, para que el plan de los conjurados venezolanos y el de Donald Trump sigan su curso, o, mucho antes de que su poca fuerza e inteligencia emocional de cristal lo lleven a suicidarse, no por honor, sino por falta de temple, resistencia y por tanta estupidez acumulada de tantos años (no nos dejemos impresionar por el tamaño de un hombre, mal nutrido en su infancia e hipernutrido en la edad muy adulta, fofo, mofletudo y obeso).

Aunque Nicolás Maduro en este momento actúe solo por cálculo, rencor y venganza, menos por Venezuela, bien puede declarar en juicio el fraude que cometió el pasado 28/07/2024, señalar a sus cómplices del autogolpe de Estado y, " a confesión de parte, relevo de pruebas", lo que traería la intervención inmediata, tanto de los organismos internacionales, como lo que queda de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), la Unión Europea (UE), la Corte Penal Internacional (CPI), los organismos regionales, pero, sobre todo, la movilización formal del pueblo venezolano, lo que pueda haber -si hay alguna reserva moral y ética- de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), retomando todos el marco constitucional y reconociendo que hay un presidente electo en este momento y que su tiempo de gobierno para el que fue electo no ha concluido, ya sea un inepto o un apoltronado exdiplomático con buenos modales, pero que, por muy pusilánime o muy capaz que sea, Edmundo González Urrutia, estaría obligado a convocar la formación del gobierno transicional con gente que sea potable, para tirios y troyanos, sobre todo, que sepa poner las cosas en su lugar, le garantice al país justicia y la aprehensión de los criminales que en enroques siguen usurpando el poder; ese gobierno transicional garantizaría, a ellos también, un juicio justo, ceñido al estado de derecho, para quienes están (aún, a esta fecha) cometiendo crímenes de lesa humanidad, robando del erario público y usurpando funciones.

Nicolás Maduro Moros no sería el chivo expiatorio, aunque merezca la cárcel y pagar por todos sus crímenes. Sería una transición que reordene las relaciones internacionales de Venezuela con EEUU, sin el chantaje de la invasión con Discombobulator, porque todos sabemos que esa fue toda una trama de traiciones y circo, lo del pasado 03/01/2026. Nicolás Maduro Moros tiene la oportunidad de cambiar el gatopardo de sus cómplices traidores, que fueron todos, porque la actitud del hijo deja mucho qué desear, a menos que éste también se sienta en la oportunidad de vengar su abandono de la infancia o algún tipo de maltrato o trauma familiar.

Esta autodelación de Nicolás Maduro y la de sus cómplices, garantizaría, además, la atención consular en favor del procesado judicial, como a cualquier ciudadano venezolano en el extranjero, tal y como lo establecen todos los acuerdos internacionales y las leyes estadounidenses, además de que buscaría que sus derechos elementales, entre ellos, la vida, sean estrictamente garantizados, al menos, hasta que hayan destituido a Donald Trump por los casos que le siguen por pedofilia, crímenes de guerra y asesinatos de ciudadanos estadounidenses y; si ellos no lograsen deponer a Donald Trump en EEUU, por el período que le resta de gobierno, al menos, Nicolás Maduro gozaría de mejores condiciones y garantizaría su vida hasta que reelijan otro presidente y gobierno de EEUU y, para eso faltan muchas noches y días, en las que los conjurados y Donald Trump podrían silenciarlo para siempre. Parece que Nicolás Maduro Moros no se ha visto en el espejo de Jeffrey Epstein.

En caso contrario, de que Nicolás Maduro Moros no se jugase esta última carta, sería peor para él, no solo por las razones expuestas ut supra, sino por otras tantas, de orden psicológico, afectivo y familiar, que todos los venezolanos, esperamos que padezca, desde el morbo de la venganza y el odio que él se labró y, si lo suicidan o se suicida, la nación venezolana no perdería nada valioso, solo que alcanzaremos la restitución de la democracia y la justicia plena contra los conjurados usurpadores, mediante mecanismos inusitados, pero a paso firme, tal y como se está viendo y viviendo en cada casa y en cada calle de Venezuela, la que del sufrimiento, la muerte, los presos políticos, la esclavitud laboral y el hambre administrada, está entrando a un punto de no retorno, que vamos a alcanzar. Y los con jurados lo saben, aunque se pretendan maquillar de demócratas ante los medios y busquen silenciar a su antiguo cómplice al que se arrimaron para después, llegada la hora, traicionar como todos sabemos y como pudimos ver en la televisión.

Luis Alexander Pino Araque

Doctor en Ciencias Sociales


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