Paises sin electricidad en el 2026
Hay una cifra que debería avergonzarnos. En Chad, el consumo anual de electricidad por habitante es de apenas 22 kilovatios-hora.
En Afganistán, la misma miseria. En Sierra Leona, Burundi, Níger y Haití, la historia se repite. Veintidós kilovatios-hora al año. Para ponerlo en perspectiva: un ciudadano promedio en un país desarrollado consume esa cantidad en dos días. Un hogar con una nevera, una lavadora y unas cuantas bombillas LED supera esa cifra en menos de una semana.
Veintidós kilovatios-hora al año es lo que necesita un niño para estudiar una hora cada noche durante todo un año. Es lo que necesita un dispensario de salud para mantener una vacuna refrigerada. Es lo que necesita una mujer para alumbrar a su bebé sin peligro. Es, literalmente, el umbral de la dignidad.
No porque el sol no brille sobre sus cabezas. En Chad, el sol brilla más de 3.000 horas al año. En Haití, el potencial solar es enorme. En Afganistán, las montañas reciben radiación suficiente para alimentar escuelas, hospitales y hogares. El sol no discrimina. El sol no impone aranceles. El sol no exige historial crediticio.
El problema no es la falta de luz. Es la falta de voluntad.
Toda civilización ha sido moldeada por su fuente de energía. El carbón, el petróleo y el gas nos dieron el siglo XX. Nos dieron prosperidad, movilidad, ciudades. Pero esa prosperidad no fue pareja. Se concentró en el Norte global. Se construyó sobre la extracción de recursos del Sur. Y ahora, cuando el mundo habla de "transición energética", los que viven en la penumbra siguen esperando.
Estamos entrando en una nueva........
