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En tiempos de Stalin, hablar de Solarismo era un pase directo al manicomio

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10.04.2026

Hay ideas que nacen antes de su tiempo. Ideas que, en el momento en que son pronunciadas, no solo son incomprendidas, sino consideradas absurdas o incluso peligrosas.

Si en la época de Stalin alguien hubiese hablado de una civilización basada en la energía solar, probablemente habría sido visto como un loco o un agente de CIA.

No porque la ciencia no existiera —el efecto fotovoltaico ya había sido descubierto por Alexandre Edmond Becquerel en el siglo XIX—, sino porque la mentalidad de la época no estaba preparada para entender sus implicaciones.

El problema nunca ha sido la tecnología. Siempre ha sido la capacidad de imaginar el futuro. La locura de ayer, la lógica de hoy.

Durante décadas, la humanidad organizó su desarrollo alrededor de los combustibles fósiles. Este modelo no solo definió la economía, sino también la política, la cultura y la forma en que el ser humano se relaciona con la naturaleza. En ese contexto, hablar de una civilización solar no era solo prematuro. Era, simplemente, incomprensible.

Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado.

La transición energética ya no es una idea. Es una realidad en desarrollo. Y, aun así, cuando se intenta explicar que este proceso no es solo tecnológico, sino también civilizatorio, muchas personas reaccionan con escepticismo.

Decir que la transición energética consiste únicamente en sustituir petróleo por energías alternativas es una simplificación peligrosa.

Lo que está ocurriendo es mucho más profundo: Está cambiando la lógica de producción de energía, está cambiando la relación entre el ser humano y la naturaleza, está cambiando la estructura del poder energético, pero, sobre todo, está cambiando la forma en que la humanidad se piensa a sí misma.

Aquí es donde aparece el Solarismo. No como una fantasía, ni como una exageración, sino como un intento de darle lenguaje a un cambio que ya está ocurriendo.

El Solarismo no inventa la transición energética.

La proyecta hacia el futuro.

Es una forma de entender que el paso de una civilización basada en la extracción a una basada en la energía solar implica:

Una nueva ética. Una nueva economía Una nueva relación con el planeta

Toda idea adelantada a su tiempo corre el riesgo de ser malinterpretada. Ayer, habría sido considerada locura. Hoy, es vista con duda.

Mañana, probablemente será evidente.

La historia está llena de ejemplos donde la humanidad tardó en comprender cambios que ya estaban ocurriendo frente a sus ojos.

Quizás el problema no es que algunas ideas parezcan exageradas. Quizás el problema es que seguimos intentando entender el futuro con categorías del pasado.

Hablar de Solarismo hoy puede generar dudas.

Pero ignorar el cambio profundo que está ocurriendo en la transición energética puede ser un error mucho mayor.

Porque no se trata solo de cambiar la forma en que producimos energía. Se trata de cambiar la forma en que habitamos el mundo.


© Aporrea